¡Paragüeeeroooo, lañaooor!
(voceaban por la calle hace tiempo)
Esos paraguas negros y rotos
caídos en el suelo son
los murciélagos muertos
en los días de agua y viento
tras batalla desigual; son
vestigios de la Armada Invencible:
toda una paradoja.
Ángeles caídos por la soberbia.
Daños colaterales, en esta lucha,
permanente,
contra los elementos...
que es la vida.
¡Ah!
porque menudos elementos nos aquejan.
Casi siempre "los otros",
a veces nuestra incomprensible forma
de ser;
nuestra alienación.
Podrían ser ,
estos murciélagos capotados,
una metáfora de nosotros y de nuestra
incomprensible mortalidad.
Bien podríamos encontrarnos
reflejados por ellos y su suerte,
como una premonición.
© GatoFénix
"Y nos darán cobijo"
Gracias, amigo Sap, porque
nos darán cobijo a todos,
en algún momento, estos paraguas tristes.
Nos darán cobijo.
No sabemos cuándo, pero
en algún momento,
nos sobrevivirán.
Ellos caen tristes y desangelados,
nosotros nacemos desconcertados,
supongo,
de nuestras cenizas.
https://www.flickr.com/groups/sad_umbrellas/Estas costillas desvencijadas
de un diáfano tórax, han de contener
más de un sueño "ikariano" sin
expresar,
eso se nota.
Se nota... en sus cuadernas varadas.
Es el caso,
que los desaires
invierten el sentido de las cosas:
las subvierten.
Nos tronzan y nos astillan:
Primero somos casa,
luego cáliz o corola
(sin manos para bajar nuestra falda)
esa toma de aire del suburbano, cosa tan baja,
juega con nosotros a su antojo
y devenimos en aquello.
Todo igual pero sin orden,
y sobre todo, sin pneuma.
Una apariencia exenta de alma,
aunque no necesariamente muerta,
a veces, por cosa tan simple
como una mirada no devuelta
cuando ha nacido un fuego y no hay comburente.
Otra vez el aire.
---
© GatoFénix