La ventana de la derecha era esa ventana que se abrió.
Zafrilla (Cuenca)
El viento siberiano que nos aqueja
estos días,
han puesto, sobre el respetable,
la cometa del invierno soberano.
Este frío nos contrae
y nos deja los sentimientos,
lívidos.
Esta enorme falta de calor
hace castañetear los dientes
y aletear la boca del estómago,
sin control.
Sobra el aire y falta la respiración.
Entreabrimos la boca porque
las fosas nasales se cierran en banda
impidiendo la respiración normal
nos encogemos de hombros
y a duras penas nos alimentamos
con una leve respiración clavicular de jadeo.
Viene el recuerdo de aquel invierno
en Zafrilla, Cuenca.
Vuelve otra vez a abrirse,
con enorme estruendo,
partiendo la noche de mi infancia en dos,
...aquel ventanuco de madera gruesa y maciza
y rudos goznes, que me sobresaltó al abrirse
aquel invierno con 3 años,
y por lo que supe, tempranamente,
del pavor que le daba mi padre, el viento.
(Quedaba pensando ¿qué terror lo habría marcado?
Nunca lo supe)
...Quedaron algunos copos de nieve
sobre la última manta de mi cama.
Desde la trinchera del colchón de lana,
hundido y embozado, recibí aquella ventisca
que llegó hasta la mitad de la estancia.
Mi cama parecía un Belén,
y en el abismo de mi izquierda,
sobresalía de la negrura de la noche,
un puñado de nieve sembrada a voleo,
como un cañonazo blanco de fogueo
de una andanada;
y al lado, bajo la cama de mis padres,
brillando la panza del orinal con el asa,
como a menos diez,…sobre él, cayendo
los flecos de la colcha como "bolillos"
o como las pequeñas pesas
de un reloj de cuco.
Aquel miedo en estado puro,
vuelve de vez en cuando...
recordándome la impotencia del hombre
ante las inclemencias de, un tiempo atmosférico,
sin poder dominarlo nadie.
Pasamos el viento en un "¿Qué hacer?"
Las hojas caídas, el pasado otoño,
revolotean o se esconden por los rincones,
o a las entradas de las casas,
algunos instantes…
Vuelan en círculos, revolotean
como mariposas de obleas tostadas…
o caen;
Tropiezan con las cosas
o las rodean;
Son trozos del pergaminos viejos
fuera de sitio.
Caer al suelo es
un ejercicio de humildad, o
la humillación de la derrota.
Andar arrastrándose como por un rastrojo:
una locura sin control.
Es difícil vivir el tiempo del viento.
Parece que, sin respeto alguno,
nos cala el cerebro y nos alisa
las circunvoluciones del córtex.
Como si lo dejara plano y...
aterrizáramos luego, refugiándonos,
en esa nuez del fondo que nos queda,
de reptil;…y ya con eso,
no somos nada;
somos:
"lo que queda de nosotros",
que decía mi padre, de sí mismo,
en su vejez.
Hojas arrastrándose volantonas y frágiles
esperando el aguacero definitivo
que nos macere;
nos enfangue y nos pudra
para ayudar, con esa cosa viscosa:
légamo, para el crecimiento de nuestros hijos;
nuevas plantas: los nuevos vástagos,
en una nueva, permanente
y hermosa primavera;
alegre, amorosa,
verde y rosa...
que pronto llega.
© GatoFénix (“Por S. Blas la cigüeña verás”)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si es constructivo lo que piensas: Adelante. Como si fuera para ti.