--------------------------------------------
Levanta el vuelo el gorrión 2025
y deja a sus compañeros abajo, comiendo.
Este instante de las 12 campanadas
en todos los campanarios físicos, con la nariz roja
con la bufanda y el gorro de pom-pom...
saltando junto a muchos paisanos virtuales,
otros físicos, en la plaza del pueblo.
Habrá esa locura explosiva que recuerdo...
ese descorchar de botellas de sidra o champán...
esos 12 granos de uva que se nos atragantan...
y reímos tontamente como en pocas ocasiones.
En este contagio popular de las Fiestas
de la niñez de cada uno.
Era la primera vez que bebíamos licor:
resolí, anís, menta, licor de café, coñac...
eran las mismas botellas del año anterior.
Duraban años y seguro que ahí están todavía
en el mueble del salón de la casa de mis padres.
Hoy volveré a ir a esa última casa en la que habitaron.
Ya están en la casa del Padre hace años, pero...
hay una parte dentro de mi en la que nunca desaparecen.
Mi madre tomaba una copita de Pipermint,
de esas que son como un dedal,
y se reía como cada año.
y nos miraba a todos pero no recuerdo que dijera nada.
Sólo nos metíamos con ella porque nunca tomaba
alcohol y sabíamos que a ella la transportaba
a no puedo saber qué, pero así con sus coloretes
la encontraba feliz como dentro en un olvido
de las tristezas y dolores y no sé si entonces
y cuando cantaba "Los ojos de la Española"
con mi guitarra, era únicamente cuando volaba
a no sé que parte intemporal y borraba
esa impregnación de tristeza y resignación
que había marcado toda su vida.
Era la escena que ahora tengo:
con una estufa de butano en el salón, a la derecha,
su sillón tapizado de skay verde...
el mueble que yo diseñé, donde estaban
la radio Inter y las bebidas de cada Navidad.
Cerca de la puerta estaba el Belén
con sus luces encendidas;
en el centro la mesa plegable extendida cubierta
con un mantel beige con motivos florales
hechos a punto de cruz, por ella misma.
Todo está como en una burbuja intemporal...
de todo eso ya no quedan ellos y la casa tampoco.
Cuando pasé por ahí la última vez, hace años,
sentí que algo de mi también había desaparecido;
aunque en mi interior está todo tal como lo cuento.
Realmente ya es todo como un cuento de los que ella
nos contaba cuando éramos niños y yo los escuché
una vez con el nacimiento de cada hermano...
No recuerdo los que a mi me contó, pero sí
las otras cuatro veces que los contó
a cada uno de mis hermanos.
Intenté que los escribiera cuando se jubiló, pero
ya se lo dije tarde.
Ahí comprendí que no los recordaba.
Y me puse muy triste porque desapareció
un foco de luz y de inteligencia que ella era
como si se le hubieran fundido los plomos ..
de tanto sufrimiento en su vida.
Puede que fuera una "gracia de Dios" para
aliviarla de su vida de sufrimiento.
Mi padre, mientras tanto, fumando un cigarro
detrás de otro; casi siempre de pié junto a la puerta
de su dormitorio, con el cenicero sobre el aparador
lleno de colillas y ceniza. Que apestaba.
Al final eso era del día de Noche Vieja en la que fue mi casa.
Ahora queda el cenicero vacío sin ceniza y sin colillas.
Feliz año nuevo 2025
© GatoFénix
