No
comprendo que
no me comprendáis.
Yo mismo, a veces,
no comprendo.
También es la verdad.
vosotros me veáis igual
o, tal vez, al menos semejante
A vosotros… pero no es así; aunque
eso parece.
Os digo:
Sabed que no sería
una parte de mi
sin vosotros, que no soy mucho.
Sobre todo,
con esa complicidad
en vuestros ojos,
esa mirada presente,
mejor dicho, interesada
en mi …
de los que,
aun estando de pie y tú sentado,
te miran “desde abajo” haciéndote
mejor, más alto y mas hermoso.
Ese “mejor” que indica
que eres de los suyos,
de los aparentes “perdedores”,
de tejas abajo;
pero que habitas en un rincón
secreto y preferido
de su corazón.
(Algunos saben que ahí está el alma)
A veces, es verdad que
hay cosas que no comprendo.
Puedo decir que no comprendo casi nada.
(Porque “uno” tenía dibujado desde niño
otro horizonte.)
Al fin:
“Pedir peras al olmo” tiene esas cosas.
Y en silencio aprehendo,
como si respirara las cosas.
Las cosas que somos y lo que decimos:
La palanca, el bastón, el reloj de cuco
o el perfume de música,
Lo que callamos y sentimos:
El alma de las cosas.
Aprendo de aquello
a lo que yo me acerco sin miedo, y
al mismo tiempo,
tengo el valor
de mirarlo de frente,
y al fondo, de mi mismo.
Abarco lo que cabe en mi,
que aparentemente, es casi nada
“comparado con la inmensidad del océano” decía mi padre,
pero, para mi,
en este momento,
vacío y lleno,
es todo.
Y puede,
una vez más,
salvarme de los otros:
El infierno de Sartre.
La cosa más terrible, que dicen,
y que somos todos. Yo no lo creo.
Decididamente, elegimos, si estamos despiertos.
Y todos es: nosotros, ellos,
y gracias a Dios, vosotros.
El todo: el Universo.
Que no nos cabe en la cabeza…
Pero sí, en nuestro corazón.
© GatoFénix
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