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22 diciembre 2021

45- (por estas fechas) El matacerdo

 


El matacerdo -1954 en Zafrilla  -  2009 En otra parte de España, lejos. Pero con el corazón ahí mismo todavía.

 

No creí tener nada más que perder
si lo perdí todo, porque ya no queda
ni el pensamiento.

Jugamos con el recuerdo,
que no es pensamiento, y nos revela
imágenes que viene de nuestro origen.

No tenemos razón,
razón de ser.
Ser, sin razón de ser,
de esta manera...
Y tal vez, ni de otra.
Vaya usted a saber.

Todo se nos agolpa en el cristal.
Cristal, a través del que miramos,
el tramo que nos queda por pisar
en nuestro viaje.
Imágenes que, al estallar, estampan:
el olor de café negro con sopas de pan duro,
las magdalenas tiernas, recién hechas por tu madre
en alguna fiesta; sobre todo
en Semana Santa y en Navidad.
El roscón de Reyes con su haba.
Nata y chocolate caliente...
No sé,
yo digo que todo es,
el mundo de la pantalla del casco de la moto,
pasando por un campo de alfalfa en verano.

Plagado de mosquitos. ¡Oiga!

Una nube de mosquitos que no dejan ver
entre los huecos.
Recuerdo todavía..
Los tarugos en la lumbre, su calor,
la chimenea, los humos, las toses 
de los hombres, del tabaco liado;
las mujeres: las madres, las vecinas,
abuelas, nietas y primos de las primas,...
un buen grupo de gentes de al lado,
y yo, muy chiquitín, con cara de susto permanente...
En ese entorno por primera vez.
Era como por estas fechas.

Es "el día de la matanza",
ahora aclaro que me refiero,
a la matanza del cerdo.

(Quién iba a pensar por aquellos días
que fuera necesario aclararlo,
en este tiempo o alguna vez
Entonces ya habían vuelto a la vida los campos
a los que sobrevino la muerte del invierno de la guerra
con sus desastres. 
Luego, años después, que era entonces o como ahora;
y que las amapolas adornan el trigo y no a los seres:
hombres, mujeres, niños y animales
que regaron con sangre, en vez de agua,
aquel suelo tan cerca de Teruel.
Todo lo comentaban entonces,
que yo, era tan pequeño que era invisible.
Y no sabía de qué hablaban.
Por eso, nunca asocié "matanza" a nada
que no fuera esta reunión de gentes sencillas
que se ayudaban unos a otros
a sobrellevar, nuestro I Ching particular,
preparando la despensa para un larguísimo año,
en donde no existían grandes ni pequeños comercios.

Los chillidos del cerdo, hasta subirlo a la mesa,
varios hombres, tirando de él con un gancho de hierro
clavado bajo la barbilla.
No se conocían todavía: al Capitán Garfio,
ni, tan tierra dentro, a los estibadores.
Esos chillidos del cerdo no se olvidan;
niños corriendo a esconderse tapándose los oídos;
llantos de los más pequeños y voces de todos, 
hasta el silencio.
El cuadro era así:
Una mujer removiendo, con la mano, la sangre en un lebrillo.
Sobre la mesa el cerdo yacente, como dormido;
por todos lados el humo y la niebla;
los tragos de vino, el sudor de hombres y mujeres.
A un lado, el enorme caldero cociendo la cebolla;
al otro, las brasas y con las aliagas,
quemando las cerdas y con trozos de teja,
"descoscando" al cerdo, que veía tan enorme, 
raspándolo con un trozo de teja de barro.
Los niños corremos enloquecidos, a una voz.
Las manos heladas, el corazón encogido
y con la risa nerviosa del desconcierto
y del hambre.

Olor a pan,
pan amasado en un artesa de madera, cocido en el horno de leña.
Pan que nos dan con un torrezno con una barba de días,
que nos pincha, y un poco de sal;
Calzamos zapibotas, gastadas con los andares de otro;
jersey de mezcla y calcetas de lana que pica;
pantalones cortos, ahora, como
algún día, largos; de pana helada,
entre color miel, marrón y musgo seco;
camiseta de felpa de manga larga
sobre la piel de gallina
de aquellos días tan señalados.

Impactos llenos de imágenes
que van llegando y
al estallar,
el aroma que expanden
viene a hacernos creer que son algo y
ya no son nada.
Hoy, cada día, y ahora, más lejos,
nos aborda el presente,
a través de los Medios,
y estampan las matanzas de cada día
en la pantalla de plasma y nos deja plasmados.

Todo está como al revés.
Como la venganza de los cerdos, es.
(Guerra de las Galaxias al fondo).
Matanzas de seres humanos,
a manos ¿de quien?...

Y sigo con el corazón encogido
porque oigo los gritos,
ahora de los niños, ayer mismo,
y no puedo hacer nada.

© GatoFénix

Aquí se describe todo: 
https://montalban-fotos.blogspot.com/2013/08/el-matacerdo.html

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