© GatoFénix - En moto BMWk 100RS.
Publicado el 04-12-2013 08:26
Esta mañana de otoño he vuelto a salir sin
rumbo
sobre mi vieja "RS" del ochenta y
siete.
Con ella, va para veintiséis años que ambos
viajamos.
Los años no nos han perdonado a ninguno,
en cuanto a estructura y diseño;
tampoco "el motor", el de los dos,
está
para hacer competiciones.
Cumplimos sobradamente las expectativas y juntos
hemos aprendido a conocernos tanto...
y sin hacernos daño, que no parecemos dos cosas,
sino una.
Hemos terminado contagiándonos y ella es:
como de carne y hueso y yo como de hierro.
Los dos, hemos pasado tantas cosas, que de
contarlas,
parecerían mentiras - hasta a mi me lo parecen -
y por eso seguimos juntos.
Tenemos el mismo corazón y ahí,
os tengo que decir, amigos, que no pasa el
tiempo.
No ha caído ni un grano de arena
del piso de arriba al de abajo, en el reloj de
cristal
que parece un ocho o un "infinito".
Esta mañana, sin un destino,
con el solo objetivo de volver a casa lleno,
alegre y limpio.
Esta mañana, en mi vuelta, he visto otra vez,
- como si fuera la primera -
los dedos invisibles del viento
deshojar los árboles amarillos
en el eterno: "me ama, no me ama"
de la nana de los enamorados.
Esta mañana he sentido en mis flancos
como el roce suave del lomo ronroneante de un
gato.
Era sin duda el viento que andaba peinándolo
todo,
desde los matojos de la linde, hasta las copas
de los álamos
que ocultaban el pequeño curso de un río a su
lado.
El viento, esta mañana, no solo desprendía las
hojas
y las convertía en mariposas atolondradas;
el viento, se estaba llevando el alma de las
plantas,
por un tiempo claro; para que vean mundo;
para que puedan volver, más adelante, llenas de
vida.
Y unos segundos, como ausente,
envidié a las plantas en su perfección y armonía
con el todo.
Por un instante fuimos hojas o mariposas,
o nada, vaya usted a saber.
Felices, y hablo por ella.
Tal vez felices, pienso,
deslizándonos sin prisa
como sin peso, vivos, estáticos, activos,
y a la postre, juntos.
Ahora toca esto:
la vecina desnudez de la verdad se avecina.
Está al caer la cortina:
la mentira.
Por eso, el "tio-vivo" de esta feria
de estaciones
aún pasando una y otra vez por "lo
mismo"
también, cada vez, nos parece diferente.
Es la ilusión, lo permanente.
La que se nutre de la continua mudanza.
Ella, la verdad oculta de las cosas.
Van veintiséis otoños dando paseos
en el mismo caballito negro que me enamoró
un día de otoño,
y que, vuelta tras vuelta, me renueva;
y en cada sube y baja, en cada trazada,
con el noble porte elegante
de un "ladrillo volador" hace que me
sienta...
un superviviente.
© GatoFénix (13 del 11 del 2013)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si es constructivo lo que piensas: Adelante. Como si fuera para ti.