Mi
madre, un día, no hace tanto
(de cuando escribí este relato)
hizo alcachofas con huevos rebozados.
Y me pilló en su casa la hora de comer.
Puso los platos, como hizo siempre, y los sirvió.
Quedé perplejo al ver mi plato.
Los huevos estaban en el guiso con su cáscara.
La miré desconcertado y le dije:
- "Mamá los huevos están con su cáscara
¿Cómo es eso?"
- "Así los he hecho toda la vida
y nunca has dicho nada"
Silencio...
Dolor...
Unas lágrimas.
Todavía me veo sentado en aquella silla,
en la que ahora estoy una temporada.
La misma silla de madera barnizada
y palillos torneados:
Perplejo. (...)
Quedé sin palabras.
"Veía" la angustia de mi madre,
mirándonos desde su soledad más cruel.
Tampoco olvido su cara descompuesta,
distante, sintiéndose: juzgada e incomprendida,
sola y sin cariño.
La cara de la madre que me trajo al mundo,
excelente cocinera, frente
a un guiso de alcachofas...con huevos
que había echado con su cáscara.
Ese
día supe, y de esa manera cruel,
que nunca me volvería a contar el cuento de
"Las tres naranjitas del amor",
ni "el del Piojo";
Ni en aquel que decía, atiplando la voz...
como si fuera la Princesa desterrada:
"¡Pavís, pavís, pavís! si el hijo del Rey me viera
se enamoraría de mi":
- "Sí, Sí. Sí"
- Y se moría un pavo.
Otro
día la visité. (Ya no estaba en su casa)
Llevé a mi hija, entonces pequeñita.
Y preguntó, dirigiéndose a cualquiera
y tendiéndole la mano:
- "¿Quién es esa niña tan bonita?" y esbozó una sonrisa.
Queriendo darle algo rebuscó en su monedero y ...
estaba vacío. En él había:
un papel con su nombre y su dirección,
por si se perdía,
y un "pañuelico" blanco
con ribetes de ganchillo:
- "Toma, hermosa"- y se lo dio, y la besó...
"No tengo otra cosa"- dijo.
Le dio todo lo que tenía:
Su pañuelico blanco, de siempre, y su amor.
La habían llevado allí, sin poder decidir,
a la casa de su segundo hijo...mi hermano.
Y efectivamente, estaba sin nada.
Se me saltaron la lágrimas, como ahora.
A
mi ya no me reconocía entonces, y yo a ella,
casi tampoco, y... ya no permitía que la abrazara.
Se retiraba como de un extraño.
Con
su mirada, desde esa distancia,
desde ese abismo,
hacía que me sintiera huérfano,
desvalido:
Y..."Sin palabras"
© GatoFénix ( Mañana cumpliría 99 años)
Desde que el día de la madre pasó
del 8 de diciembre, ya nada es como era.
Al margen de creencias, si eso pudiera ser,
lo comercial y políticamente correcto,
ha ganado la partida.
Ahora el día de la madre es
el primer domingo de mayo, tal como hoy,
que es una manera de tener un día flotante
sin fecha fija: antesala del olvido.
Me apresuro a felicitar a las mamás
antes de que el día sea borrado del mapa
como una consecuencia colateral de alguna ocurrencia
o aplicando, que todo es interpretable como vemos cada día,
por, mismamente alguna otra ley de última hora.
¡Felicidades mamá!
En tu caso es de Perogrullo,
seguro que estás mejor que aquí.
Hubo de todo ¿verdad? pero algo rompió tu memoria
y yo lo entiendo perfectamente.
El Alzheimer debe ser una válvula de escape
de la olla;
una liberación: oxímoron cruel,
cuando la memoria es una tortura, la desmemoria.
Desde nuestro punto de vista: cierto;
desde el tuyo, quién sabe.
Tal vez un limbo cargado de purgatorio
por tus creencias;
un infierno para un hijo al que has olvidado
y trataste como un extraño.
Ni los besos ablandan esa roca.
Hasta tu sonrisa era una mueca de compromiso,
llena de miedo ante la incertidumbre.
¡Felicidades mamá!
La felicidad la tenías, sobradamente, merecida.
Este recuerdo es para ti, ahora que ya
espero que me reconozcas.
Fíjate, ahora que ya no puedes apapacharme.
No importa.
No sufras por eso, también,
no vaya a ser que pierdas allí también el juicio.
Disfruta del espectáculo.
Aquí ya sabes, menos mal que tendrás
una comprensión que a mi se me escapa.
Cualquier día apartan este día del calendario,
ya sabes,
hay matrimonios que no tienen madre.
Podría entrar en lo interpretativo de
una ley que llaman de trato.
Así nos tratan.
Hemos pasado a ser los otros.
Siempre fuimos los otros antes, y ahora.
No, no es que se haya muerto la madre...,mamá.
Anda, no te hagas la tonta conmigo.
Bueno, espero que lo entiendas, allí habrá
algún alma de Dios que esté para eso;
aunque, de verás, poco importa.
Un abrazo y un beso enorme,
de esos, que por circunstancias ajenas a nosotros,
como ahora, no nos dimos nunca.
Sea como sea os recomiendo dar,
un poco de lo que recibisteis,
a vuestra mamá...si está entre vosotros.
A veces, mañana no existe.
Podemos hacerlo dando unas flores con un beso.
Si ya no está con nosotros podemos hacer una oración de gratitud
por su sacrificio y dedicación, como es mi caso:
un pensamiento amable, es una flor preciosa.
Ella se llamaba Amparo, y lo fue para mi;
aunque para mi siempre fue "mamá"
o "la mamá" cuando me refería a ella.
Mi mamá siempre fue para mi una persona
muy importante.
(No me importa que se note)
Para ella mi recuerdo y mi oración.
Siempre lloraba de alegría cuando le cantaba:
- "Son como el mar,
como el azul del cielo y como el sol..."
Seguía toda ella y, a ella
la traicionaba su sonrisa.
Sonreía y sus ojos brillaban
de placer...
- "Los ojos de la española que yo amé".
Ahí sí que disfrutaba mamá.
Luego, al terminar, se iba sola a la cocina
a guisar como los ángeles...
Creo que feliz, dentro de lo que cabe.
Ojala estés siempre oyéndome cantar
tu canción preferida.
© GatoFénix ( que ya hace mucho que no canta)
Me encanta la ilustración.
Color tabaco y chocolate con leche y biberón.
Enorme acierto de miradas.
Mirando la madre con el rabillo del ojo, satisfecha,
como si aquello la desbordara. El bebé, sintiéndolo todo con los ojos cerrados y el padre...un poco desconcertado, como solemos estar los hombres en un parto.
Mi madre con el menor en brazos y el resto de los hijos
en la Plaza de Almagro (Ciudad Real)
en la Plaza de Almagro (Ciudad Real)
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