Cuando, insomnes,
el sudario de los recuerdos
nos cubre, en el lecho,
unas cuantas cabezadas de la luna, al cabo,
dan con nuestros huesos en el vacío.
Si aspiramos el vacío,
conscientes del absurdo,
venimos "al amor de la lumbre" del presente
...y dormimos.
Cuando dormimos,
estamos en el momento de soñar
y vivimos realmente
lo soñado.
Si bebemos lo soñado:
nos emponzoñamos;
nos nutrimos o nos embriagamos,
con todos los brebajes y licores
atesorados en nuestra bodega.
Incontadas batallas,
ya olvidadas pero vividas en planos
y mundos ignotos por la razón,
configuran el holograma de bitácora
de nuestro tiempo.
Con suerte, cada noche,
navegamos
bajo la línea de flotación,
(delfines temporales somos)
y aprendemos
el misterio de la vida,
"lo que anuda los recuerdos"
y teje los milagros y al fin
nuestro sudario personal
de amor.
Porque el reloj del tiempo,
en este tiempo de Luz,
sólo reconoce los latidos del corazón.
© GatoFénix
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