Llovía tanto esta tarde, tanto...
que parecía que se hubieran unido, por una vez,
"los cielos y la Tierra".
Un velo de agua como cuando lloramos mucho
nos empañaba todo y nos dejaba, inermes,
como en el rincón de siempre
vueltos hacia adentro.
Resultaba ser una soledad esférica
en la que nuestro interior era nuestro horizonte.
El silencio se rompía como por latigazos de agua
en un lavadero de coches;
con un sonido más grave, más sordo y atronador.
Olía a un limpio: indefinible.
Una mezcla de sutilezas casi dulces
que mezclaban, los tonos afrutados,
de un parque cercano, con la tierra húmeda,
el rezumar de las fachadas de ladrillos
y el asfalto de la calle,
ya, negro acharolado y limpio,
hace subir su calor...ahora tibio ya,
arrastrando por los laterales hasta la rejilla:
cáscaras de pipas, trocitos de papel y
alguna bolsita vacía de chuches.
A ratos el agua que caía formaba "bordones"
de un arpa enorme y monocorde.
Azotaba el látigo del agua los tejados
y en los cobertizos,
resonaba como una caja y un timbal
de la batería de esta orquesta mágica
a la que no le faltaron truenos que desgarraban
entre graves bombos y carracas.
Se fue la luz y las comunicaciones.
Por un momento el mundo global
se quedó reducido a mi despacho con la ventana,
antes llena de pájaros, ahora ausentes y a cubierto,
supongo.
Un vacío llenaba todo.
Son mi familia y aunque son unos "cochinos",
que me dejan la ventana sucia,
(que hasta eso se llevó la lluvia por delante)
y estaba el alféizar, con el brillo del mármol mojado.
Vacío de ellos, que lo llenan cada día...
haciendo su espectáculo: de pelea,
escaramuzas, y
de madres nutricias de güacharillos,
que ya han crecido un montón, aunque todavía lucen
"sus boceras amarillas"
en las comisuras de sus piquitos.
Tiempo después amainó la lluvia.
Volvió la luz eléctrica y con ella
mi despacho se conectó con el resto del mundo
y comenzó a ser el vigía de un faro
que envía señales a los navegantes
para recordarles dónde están
y sigan su singladura:
acunados, mecidos, zarandeados,
en sus navíos,
como una madre enorme con su bebé,
al cambiarle los pañales.
La mar es, la mar de grande.
En ese punto, he recordado,
una melodía que os adjunto.
Ciertamente un bello "amanecer en la tarde".
Un oxímoron visual sorprendente:
Ya estaba anocheciendo.
Pues justo entonces, parecía que los Elfos
las Hadas y los Gnomos...
iban a reunirse, a falta de un bosque,
en el parque más próximo...
y todo eso estaba en esta hermosa pieza
creada por: Andrés Hernández Sarmiento
Premiada en Londres.
Sirva este pequeño homenaje para animarlo
y desearle muchos éxitos en este camino de Compositor.
Village of Lumina - © Andrés Hernández Sarmiento
Luego calló la noche. Ni un ruido de agua.
Las calles casi desiertas:
Algunos transeúntes pisa-charcos,
pocos coches como adormilados,
ningún patinete...
El Camión de los bomberos solucionando un atasco.
Y ...
las ausencias se te agolpaban en la mente
mientras volvías solo:
a escribir esto,
a meditar un poco y
a convocar a mis Maestros Compañeros
para rearmar la noche y sus "viajes en sueños"
para amanecer otro día que lo recibo
como un milagro.
Un Asalto Divino.
© GatoFénix


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