Publicado el 28-07-2015 19:47
Mi cabeza me recordaba todos los escenarios.
¡Ay, esa memoria celular tan precisa!
Como un reloj cósmico,
preciso e inexorable, iba paseando
cada acontecimiento sucesivo y venidero
como una mariposa que recorre un jardín.
Y se posó en tres momentos:
El primero, unos veinte minutos, "el palo de los tormentos",
con el sol de junio en los ojos, sin anestesia: un espejismo.
Nos dejamos embriagar con la lógica racional,
pero el inconsciente, lúcido, veía la espada de Damocles
pendiente de un pelo de la crin de un caballo negro.
Un pelo al cabo, con la consistencia de un cabello.
Siguió su vuelo - la mariposa - como los pensamientos
y todos me llevaban...
a la Oración en el Huerto de Getsemaní.
Hubo, en efecto, noticias a los pocos días;
pero nada fijo, cosas dudosas que daban que pensar.
Y decidieron pasarme como por un "lector de tarjetas" de la NASA.
Me dieron "un chute" con una sustancia que al entrar en las venas
te generaba en la frente y en el periné, el calor de la muerte.
Y me pasaron bajo "el arco del triunfo" (de la técnica) para retratarme,
por dentro, las entretelas. Y dijeron que todo bien pero,...
mi riñon derecho tenía "dos okupas" diminutos.
Esta litiasis descubierta, podría justificar el desaguisado de los análisis.
En nuestra moral, mayormente la mía, un golpe bajo;
claro que parece, como dije, que lo veía venir.
Mi riñon derecho no pudo con este último año de pánico,
por la impotencia ante los aconteceres y ...
fabricó sendas "chinas"(piedras)
como si hubiera mutado, el riñon, en molusco bivalvo
¡Ostras, Pedrín! fabricador de perlas,
que no son sino el nácar que cubre
las arenillas residuales de las lágrimas, al secarse.
Ante la duda. Esta duda volandera,
"mariposa negra y blanca estacional"...
Se posó otra vez....en mi.
Esta segunda vez tocaba quirófano, ¡Dios bendito! A rezar.
Un ángel aventajado de Azrael, en terrícola,
me indujo "al sueño sin sueños", magistralmente.
Así, aprovechando mi total ausencia, con cuidado
me mordieron por dentro la vejiga, para extraer
trocitos de aquí y de allí, siguiendo un plan, para luego,
ver, si sólo era bueno su aspecto, aparentemente.
Parece que el viaje fue de una hora, que no es poco,
y casi medio día sin sentir los homólogos ni el mascarón de proa
con el bauprés espetado como una brocheta.
Volver a mi cuerpo fue un aterrizaje doloroso.
Sabía que estaba muy herido y... renacieron las memorias.
En las primeras micciones parecía que me iba yendo
a trocitos por el cañón del colorado,
convertido en albañal rústico.
La memoria me cernía como una hoja seca en el agua
y me acercaba a la otra vez, en la que casi llegue a poner el pie
sobre la cubierta de la barca de Caronte.
Fui lentamente retomando mi ser: dolorido, impaciente,
agriado, temeroso, débil...
hasta escuchar "que la vejiga, bien". Pero,...
que más arriba a la derecha: había dudas.
Ya no podía sentirme más impotente ante el Calvario...
Y fijaron fecha, con premura, llenos de celo profesional y...
que no había otro remedio, con tanta sospecha.
Yo, sólo rezaba cada día.
"¿Qué sabemos realmente de las cosas?"
Y lloré en silencio, cuando nadie me veía, en la cochera
con la mano izquierda sobre el depósito de mi moto.
Al no saber lo qué tenía reservado el Señor para mi,
pensé en cómo cuidarlas
para un tiempo indefinido sin moverlas. (las motos)
Les pasé un paño y conecté las Baterias a un cargador, pensando,
que en algún momento, sin saber cuándo,
volvería a viajar como antes;
y era preciso, para mi tranquilidad, que estuvieran bien.
Pasé mucho tiempo mirándolas y a ratos me ponía muy triste
y volvía a llorar pero procurando que no cayera una gota en el carenado.
Nadie puede imaginar estos momentos.
Yo solo, en la penumbra, temiéndome lo peor.
Así,
cuando todo estaba preparado.
Tranquilo y preparado...
Llegó el día.
II
...Y llegó el día.
Subí de madrugada en ayunas; y ya en la habitación
me dieron el vergonzoso mandil blanco con puntitos rojos.
Una vez encamado, vestido de torero, comienza el traslado.
Me transportan por pasillos y ascensor, viendo pasar hacia atrás
sus fluorescentes del techo, diciendo un millón de veces:
¡Sea lo que Dios quiera!
En el "transfer", con el nombre basta, me calan "la boina con gomas"
Y es entonces cuando ya sabes que no eres ni "la Encanna", la de las empanadillas,
sin rulos de plástico. La de Móstoles, "el más allá"
que le llaman cariñosamente en Madrid.
Empiezas a ser Nadie sin "don", ni "din".
Te miras la pulsera del código de barras, suspiras,
y ves aquella grifería multiusos que llaman "vía"
de la que dependerá tu vida.
Tampoco sabes cuándo, vas a volver a ser algo...
lleno de dolores;
al menos "algo", para después llegar a ser alguien, en algún momento,
sin concretar.
Cuando volví a ver el techo sin las alas hexagonales de mariposa sin cuerpo,
en esta tercera parada de la mariposa, en una enorme margarita: sí, no, sí...
habían pasado ciento veinte minutos.
Dos horas estuvieron mirándome el riñon derecho
como en la serie de dibujos animados: "Erase una, vez..."
Con una nave de aquellas, y aún más fina y precisa,
me exploraron como en el suburbano, Metro de Madrid:
entraron por O´Donnell y llegaron, por lo menos,
a Nuevos Ministerios y después
de ver escaparates de El Corte Inglés, y comprar algunas chucerías,
volvieron al Pirulí.
Las horas posteriores fueron terribles.
Llegué a vivir la experiencia de la expresión: "retorcerse de dolor".
Parecía el parto interminable de una anaconda, si pudiera ser.
Luego con "Nolotiles" y demás fui vadeando el río como pude.
Estuve sin saber lo que es dormir
hasta el día de Santiago, Patrón de España.
Los analgésicos de última generación,
como unos Optalidones chiquitines pero “matones”,
no podían con aquello, como poco,
sentía que me arrastraban por una pedriza.
La primera noche que estuve sin dolor fue en la que mi mujer,
a la que llamaba Patatilla,
me dio una sesión de Reiki, y descansé.
Estuvo horas con las manos sobre mis riñones, que
a los pocos minutos de posarlas
parecía como si todo quedara insensible
y cubierto con una tortita caliente de maíz.
En Getsemaní, clavada la rodilla en tierra, junto al olivo,
me he mantenido, orando y velando las armas, sin desfallecer un ápice;
va para dos meses, "de reloj", más que, de calendario.
Ayer, San Pantaleón,
del que se licúa su sangre cada año, la del relicario,
en estas fechas, milagrosamente.
En este sagrado día me comunica mi mujer
que todos los análisis están bien.
Y ayer mismo, mi primera salida ha sido aquí:
A invitar a mi mujer a un poco jamón,
unas gambas blancas de Huelva a la plancha,
y cuatro carabineros planchados con maestría,
con unas cañas de cerveza O,O
- que todavía la debilidad casi me hace temblar las rodillas -
Como decía mi hijo David en los primeros pasos,
al quitarle la escayola de su pierna rota:
- "Papá, estoy fino"
Y tuve que abrazarlo, de rodillas, a los cuatro pasos.
© GatoFénix
Publicado el 08-11-2015 23:30
https://youtu.be/BY50hNPM9uc?si=_IxzwEEO_9SD6Uf2

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