Los años se suceden y
vamos sincronizados con el tiempo.
Necesariamente nos movemos
o nos aquietamos, como todo ser vivo,
al ritmo de los astros
nuestra madre Gaia y los innumerables otros
como si fueran nuestros tíos.
Circulamos en torno a un vacío
amarrados a los otros con las manos amorosas
que nos han sostenido o nos sostienen, libres de ataduras;
inmersos en un remanso de paz...
o en la vorágine de los hechos
que pasan por nuestras cabezas,
soñando,
o frente a nuestros ojos:
borrachos del movimiento de la Tierra.
El Sol, cada día,
nos mueve a actuar llenando, nuestros ojos, de vida.
Cada vez nos pesa más el tiempo,
pero las vueltas siguen monótonas
como las manecillas de un enorme reloj mecánico.
Cada vez tememos padecer asincronía porque vemos, que somos
un verso de pie quebrado en el soneto oficial que difunden
los voceros oficiales:
los encargados de "recrear" la Creación.
Como si fueran dioses y no son nada bueno.
Ni siquiera para ellos mismos.
Todo misterio maravilloso,
es ocupado por un lodazal de pensamientos egoicos,
no menos sorprendentes que la propia Creación.
Por ello: hasta se llega a lo peor.
Y se persigue a los anacrónicos desinstalados.
Si no, son descalificados, y etiquetados;
se les señala y estigmatiza, que es casi más cruel.
Y nos recuerdan, cientos, miles de veces,
y de todas las maneras posibles...
que es a ellos a los que les debemos la vida,
y no a Dios: Que no existe, dicen.
Que la vida es tan frágil
..nos lo recuerdan, por nuestro bien, muchas veces.
Y entonces, el miedo nos debilita
y nos enfrenta
a nuestros hermanos, que los han convertido
en nuestros enemigos
y en sus aliados.
© GatoFénix
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