Transmitía una paz suave, como deshaciendo el bochorno.
Aunque la tierra todavía nos emitía calor hasta las rodillas.
Busqué un banco de madera y me senté frente a este espectáculo.
Todo era silencio, sólo algunos dueños paseaban al perro,
pero al poco, ya no hubo nadie...
Y recordé la tarde, en el coche, cuando el sol declinaba,
y se me presentó anaranjado de una forma
que se dejaba mirar y notabas cómo era:
cálido, amable, generoso, y dador de una vida
llena de fortaleza y de ternura paterna.
Lo contemplé así hasta que se ocultó...
Hasta esa última "teja de Sol" que se fue hundiendo...
en una lejanía que parecía cercana.
Atrás, apareció la Luna suspendida en el cielo
todavía de color turquesa.
Pasé, de dirigirme al Sol ya de vuelta a casa,
a caminar con la "percha de la Luna" a mi derecha.
Al llegar a casa, me sentó renovado..."después de soltar".
Cené y volví a encontrarme de paseo,
ya en la madrugada, en pleno campo.
Son mis benditos "alrededores" liegos y salvajes.
Ahora, todo agostado y seco.
Todo era una larga meditación silenciosa
sobre el desapego.
Ese desapego lleno de agradecimiento a Dios,
porque, la soledad que a veces te anuda la garganta,
también te hace contemplarte en estos escenarios
de una belleza tan sencilla como la mirada
o las poses de un perro feliz porque lo han sacado
a pasear un rato, como todas las noches.
Hoy me parece una burbuja de ayer...
en el que está próximo con quien está lejos
y muy lejos de lo que está al lado.
Con esa distancia emocional infranqueable,
porque es la evidencia de todos los mundos mentales
y emocionales que cada cual se construye:
desde el amor o desde el miedo.
Esta luna es de mucho trabajo y de gran transformación.
Por eso este trabajo tan meticuloso y bonito
de El Arbol de la Vida en el que estoy estudiando
Sed felices y reencontraros con "el Íntimo" que dice
Sol Martínez mi Maestra de Sistema Biogénesis.
© GatoFénix


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