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06 marzo 2022

162 - Junto a los girasoles: reflexión






Publicado el 15-09-2011 19:50
Detenerse junto a los girasoles,
tan llenos de oro,
te llena de valor
porque es un valor seguro:
un refugio.

Efímeros y brillantes
escandalosos,
colores brasileiros,
erguidos y a la tarde
cabizbajos.

Ya no queda nada de su brillo.
El color virado en tierra
espera las máquina que los cercenen,
los desgranen y los muelan,
o los envasen con sal
una vez tostadas sus pipas.

Pipas de girasol,
que todo es empezar,
para acabar con la lengua quemada
y la garganta con tropezones
que nos dejan sin voz.

Cines de verano.
Una del oeste y otra de romanos.
Sesión doble de hace tanto,
que no sabes si ha sido cierto.

Las pisadas grumosas
suenan entre silencios.
Han ido a por gaseosa o al servicio;
avanzan sobre una parva de pipas y grava,
habitada por hormigas laboriosas
que transportan, atenazadas,
cáscaras enormes para su tamaño.
Cáscaras y algún fragmento de grano.

Roncha el suelo entre silencios y recuerdas
las sandalias abordadas por piedras
como pateras y cómo dolían
en el talón o entre los dedos.

Llegaba la feria y hacía fresco
a última hora.
Yo creo que éramos felices
y no sabíamos nada del futuro.
No podíamos imaginarlo.
Un futuro imperfecto
hecho presente, que era
cada vez más inimaginable y distante;
él se desvanece según se suceden
unos momentos a otros.
Un futuro que se revela en cada uno de ellos
cada vez más cínico,
más claro, más lleno de tonterías
que nos hace parecer
las hormigas del cine de verano:
Cargados de cáscaras enormes,
a los pies de enormes gigantes
que se han comido el fruto,
mientras se entretienen mirando
otros gigantes, en la pantalla,
que luchan o se besan y mueren
de mentira, claro.

La muerte y el dolor
sólo están en el patio de butacas.

Fue piadosa conmigo la vida
cuando era niño.
- No se si es piadosa la vida con otros niños -
Con nosotros lo fue
porque el futuro no existía.
Sabíamos que nosotros era difícil
que tuviéramos futuro.
Por eso, cada día era bonito, cuando lo era.
y los demás, los otros días, eran
como los otros niños,
los que tenían bicicleta y nos miraban
como nosotros mirábamos las hormigas
en el cine de verano:
Pasaban. Subían y bajaban;
Una noria de miradas,
una noria de cangilones trasegando agua
era la vida sin futuro.
Casi como ahora.

© GatoFénix

05 marzo 2022

161 - Abrazos: La trenza de la vida.

  







Abrazos: la trenza de la vida.
Publicado el 09-10-2011 17:59

Como Ida y Pingala subiendo desde abajo,
Azul, rojo y blanco, entrelazados
vamos trepando por la maraña, clara y difusa,
cuando hace muchos meses de un abrazo.

Tiempo, amor y muerte…
olvido;
Recuerdo, soledad, calor…
cobijo;
Desamparo, frío, encuentro…
desencuentro;
Lío, confusión, memoria;
La cambiante corriente
de un río.

Tejer, unir trenzar, besar:
Oasis de recuerdos incompletos.
Rupturas y fracturas del curso de la vida;
Distancias que nos acompañan
Cada uno de nuestros días.

Volvemos al tiempo; al bálsamo del tiempo:
Verdadero suero de la verdad de las cosas.
Árnica del dolor incomprensible.
Cosas que supimos o sospechamos
desde el primer instante que nos vimos,
cuando creímos conocernos
en un flash de miradas.

Alguien se va dejando un hueco
Y después de llenarse "de vacío",
algún tiempo,
cuando, el cabo del frío lo rebasa,
alcanza luego el cabo de la muerte.

Y vuelve el tiempo a su lugar de origen.
Es una trenza, la vida: Interesante.

Las miguitas del “cuento” sirven
de alimento a los tordos y jilgueros.
Si algunas quedan, nos llevan
al origen de las cosas: el niño.

Verdades como puños que no vemos
por la eterna proyección de uno mismo
que enturbia lo más obvio y evidente.

Que el alma rota de un infante,
tiene mala compostura; 
porque ese corazón maltrecho,
nunca entenderá el amor entre iguales.

El cabo de la muerte por el continuo
movimiento de unos invisibles dedos,
sube y baja como serpenteando
entre el amor y el tiempo.

El cabo del amor,
amor al cabo, abraza toda curva
que encuentre a su paso.

El cabo del tiempo une y separa.
El amor y la muerte avanzando
mientras alguna traza quede por unir.

Finalmente un lazo: porque si nos fijamos,
todo termina en un lazo.

- Ahora a una lazada, de cinta de un color,
le llaman lazo –
Pero un verdadero lazo…
un lazo verdaderamente humano, es un abrazo.

Un abrazo en el que el corazón
se sale por los brazos y palpita
en las palmas de las manos.
Nos salimos en caricias por las yemas de los dedos.
Y vale un solo abrazo para decir: Te quiero.

Hay abrazos de cortesía;
ósculos de la paz; otros abrazos
de gente desalmada para sellar felonías.

Algunos, abrazos descarnados, llenos de pantomima,
no son sino abrazos de despedida.

Nos dice mucho un abrazo:
soltamos; Miramos para abajo
y despistamos como podemos y sabemos;
tal vez la mueca de una sonrisa,
sin mirar la niña de los ojos.

Cae el telón.
Fin de la farsa.

Después del abrazo sabemos
la clase de despedida: un hasta siempre;
un, no puede ser…
o el anuncio de una muerte definitiva.

Lo sabemos entonces.
No habrá más palabras.
Se nos revela que nunca hubo el amor necesario,
requisito imprescindible,
para poder comunicar nada.
Se terminó una farsa más.
Un nuevo aprendizaje,
una herida que el tiempo convierte en cicatriz,
dejando alma y corazón…
como la superficie blanca de la luna.

© GatoFénix



160 - Carnaval 2012: Recuerdos y enredos

 


Fotografías de Munera (Albacete)




GatoFénix - Carnaval 2012: recuerdos y enredos.
Publicado el 20-02-2012 07:44

Hubo un antes de ahora.
Hoy aparece en el cajón virtual de mi ordenador
un recorte de tiempo hecho color y alegría.
Era un cartel en su día, que anunciaba el carnaval.
Cierto que hace años
lo dice el formato.
Impresoras incipientes,
mucho grano,
De Luxe Paint II,
un hito entonces en diseño a color
¡ciento setenta y cinco ppp!
Y sólo fue ayer, como quien dice,
el paso del tiempo en las cosas del software.
Sin embargo, ese paso del tiempo
no ha restado una pizca de la frescura
que comunica.
Alegría y amargura
confeti, serpentina
luz y sombra
bailes, risas,
conejos y damas,
Houdini y Bogart.

Un velo de luto me envuelve estas fechas.
Mi madre culpaba a estos bailes,
al sudor y la fiesta,
al frío en Motilla
y a la pulmonía que en una semana
acabó con mi abuela.
Se fue de baile disfrazada enamorada
para sorprender a mi abuelo.
Y se enfrió o lo que fuera.
Mi madre no olvidó que por estas fechas
se quedó sin madre.
Por estas fechas,
dejó de ser niña y pasó a ser adulta,
aquella cuaresma con cuatro años.

Al poco, se caso de nuevo mi abuelo,
y lo perdió de padre, para siempre.
De su nueva madre no hablaba...

Era un Carnaval cualquiera por el veintiséis
que acabó con crespón negro.
Un carnaval cualquiera, de los de antes.
A diez años de la guerra, premonición de muerte,
la guerra civil de España del treinta y seis.
Guerra, que en estos últimos años,
fue traída y llevada por gentes sin hiel.

¡Que hasta la sangre utilizan
como cortina de humo para tapar sus felonías!

Será por eso, por lo que vivió mi madre,
por lo que nunca me ha interesado demasiado el Carnaval.
Pero... he pasado por pueblos con gran tradición.
De todos, recuerdo Munera,
pueblo de Albacete, cerca de El Bonillo.

Allí encontré un Carnaval que era una gran fiesta.
Lo recuerdo todo aquello como un sueño:
el tabaco, el anís del mono,
el coñac, el ponche, los *mantecaos,
el olor de la carne perlada y los calores del gentío.

Empezabas bailando con una moza,
que te había sacado ella,
y en una pieza habías cambiado
cuatro o cinco veces de pareja,
sin salir de tu asombro.
Pasodobles, boleros, la raspa,
cualquier cosa que tocara al orquesta.
Todo era dejarse llevar.
Eras un pelele más, como un juguete de trapo.
Mejor no pensar y disfrutar de todo.
Era una verdadera fiesta.
Nunca había visto, ni vivido aquello
y nunca lo he vuelto a vivir, de esa forma.

Todavía sonrío al recordar...

Me gustaría que todo siguiera igual:
gentes que se cambiaban dos y tres veces de disfraz
en el día;
anécdotas con "la experta",
que era mujer mayor, y ya podréis imaginar...
Unas risas;
unas miradas y unas complicidades
que tan pronto te hacían espectador como
protagonista en un enredo chusco.
¡Qué gente más sana y más alegre!

Os contaría más, pero queda tan lejos
que pudiera equivocarme en cosas
y no sabría daros todo el encanto que viví ese año.
Todos andaban, durante una semana, perdidos
como la 10-11 en un taller mecánico.
Me redimieron de mi tristeza y se lo agradezco.
Entendí que el Carnaval te puede matar
de mil maneras, o más.

Espero que el desembarco de la modernidad
que nos ha aquejado estos veinte años
no lo hayan reventado todo con unas carrozas de purpurina
y unos pasacalles que no van a ninguna parte.

Las calles: para ir de un sitio a otro y punto.
Las comparsas: para escabullirse.
Justo lo contrario del Gran Hermano ese.

Todo era entonces más económico y más entretenido.
Espero que todavía siga así.


© GatoFénix (Recordando a sus amigos Sebastián y Carmelo)

159 - Envuelto en aires otoñales.








 © GatoFénix - Envuelto en aires otoñales 
(08-10-2010)

Envuelto en aires de poniente,
como en volandas,
anduve buscando el otoño
pero, los "grandes almacenes" de Gaia,
ya estaban de inventario.
Algunas etiquetas amarillas,
al llegar a Cuenca,
en las alturas de los chopos
de la ribera derecha del Júcar.
Hasta allí...
un entrar en los pensamientos
para viajar sobre un sueño,
increíble pero cierto,
que es mi moto.
Me gustaría , pero no puedo
contagiarte mejor la sensación de ser,
de sentir y volar en un túnel
como encapsulado,
totalmente despierto,
con cara feliz de bobo.
Escaneando con los ojos cada instante,
escrutando el horizonte que me llega
y percibiéndolo todo...
viniendo o yéndose
a gran velocidad.

Con su mejor azul zafiro radiante, el cielo
tuvo, colgadas, todo el viaje,
varios trenes de nubes,
nubes de algodón por cierto,
nácar y cielo,
superpuestas 3D en vivo,
moviéndose hacia el Norte,
parsimoniosamente, en apariencia,
- que luego vete tú a saber.

Las lindes están cubiertas de los,
hasta hace poco,
erguidos girasoles y que ahora
son siervos de cabeza gacha,
a nuestro paso, como en el cuento
de "El gato con botas",
mientras transita las tierras
del inventado Marqués de Carabás,
- que no hubo gato heredado más rentable
en la historia de las historias.

Así, calzado con "las botas de siete leguas"
he llegado hasta el Puente de San Antón
y he vuelto a casa pensando:
A veces la vida es como si no pasara
y todo, en tu otoño, pasa ya demasiado deprisa.

© GatoFénix

Puente de San Antón


Ribera del río Júcar

158 - Ancianidad y muerte: entre dos músicas.








Entre dos músicas muy significativas, y muy oportunas,
intercalo mi escrito.
Abriendo como un rendija, dejo entreverlo.
Son, cosas propias de este cuerpo mortal, 
que por un tiempo, nos contiene.
En la primera jamba de esta ventana, Serrat,
que ahora en estos días, si se escucha, verá que se quedó corto
y que las realidades vividas en estos últimos años,
sin dar detalles, ha rebasado sus palabras y 
concluirá, que es una pena tanta crueldad.
Tanta, que resulta "inhumana".
Una crueldad nutrida de adoctrinamientos
y argumentarios en el plasma que han modelado 
los pensamientos y las conductas
sobre el endiosamiento del cuerpo
que es , al fin y al cabo, un gran negocio,
reventando desde dentro una suciedad (perdón) 
quise decir: sociedad.
La granja humana, les es muy rentable.
Dice, Joan Manuel, que somos de usar y tirar,
y eso es lo aprendido, con un detalle más,
mientras se tira "el deshecho": 
se desprecia; se margina;
se ridiculiza; se denigra hasta tu aniquilación.
En el segundo postigo de este ventanuco,
un tango, que habla de una madre, que viejita,
le cambian la vida de sus hijos por medallas y honores.
Al medallas no abrazan, no nutren, no sirven
para remendar un corazón devastado por la perdida
de los hijos de sus entrañas.
Y ella queda destrozada y sola,
en esta vida, que ya no es sino un "no entender"
hasta la locura, 
si no se enfoca en el Padre Madre Dios.
Dios, que en esta sociedad, 
como si fuera un cuento de ancianos,
han vejado ridiculizado y finalmente sustituido
por los ídolos de ingeniería quirúrgica, química, 
farmacéutica y alimentaria...
y, claro,... del televisor o la Gran Pantalla
.


Con todo cariño para mis lectores de cualquier parte del mundo.
© GatoFénix

 

03 marzo 2022

157 - Un trocito de la Zafrilla de mi infancia (1955) I, II







Publicado el 05-08-2014 20:34   (parte I) 
De aquellos veranos de mi niñez zafrillana,
tengo recuerdos indelebles.
La escuela era para mi una parte de mi casa;
no una segunda casa; era: parte de mi casa.
No era parte de mi vida, yo diría que era
como mi vida misma.
Me parecía un mundo fascinante, un encuentro,
que daba miedo a un niño tan pequeño;
un espacio mágico con elementos que eran familiares
pero a la vez únicos, como los pupitres.
Aquellos cuadernos, tamaño octavilla,
de pastas verdes y rotuladas: Cuaderno;
La tinta Fix, ¡Por Dios! que diluíamos en los tinteros blancos, de china (de porcelana blanca. No sabíamos que existía China);
Las plumillas de mojar con las que dibujamos nuestras primeras letras y un lujo...los colores Alpino




( ANTIGUA CAJA DE TINTA FIX - CON LA TINTA E INSTRUCCIONES DENTRO - AZUL-NEGRA - Botellas, Cajas y Envases - Cajas y Cajitas Metálicas)

Era para mi, que era tan pequeño, un mundo desconocido.
Las mesas colocadas en secciones:
Unas a la derecha del maestro bajo las ventanas;
otra fila de ellas a la izquierda de la mesa del maestro y, atrás,
colocadas transversalmente, nosotros: los más pequeños. 
Eso era una Escuela Unitaria de niños.
Hacía frío en invierno y con una estufa que daba más humo que calor
pasábamos los días escolares; ahora recuerdo, como si no fueran a terminar nunca;
como si no fuéramos a ir a ninguna parte.
Sin embargo, no recuerdo, muchas ocasiones en las que el silencio y el murmullo,
las risas calladas y los otros, nos hicieran estar más vivos, aunque pareciéramos dormidos. Ir a la escuela, que eran bajar las escaleras y pasar al lado del mechinal, eran mis momentos sociales.
Ser hijo del maestro y tan pequeño no era cómodo, ni tampoco era fácil tener amigos.
De hecho, recuerdo una infancia solitaria y estrictamente familiar; de paseos con mi padre o con la hija de Isabel y con mi hermano Fernando, cuando abría el tiempo.
íbamos a: El molino de agua donde se molía el trigo para producir harina y "salvao" (Que era lo que comían los gorrinos de cada casa) y recuerdo poner la mano para tocar la harina recién molida que estaba fría y suave; y el olor que desprendía, ahora es como si me viniera a la nariz: Humedad, madera y harina recién molida, todo junto; o también a la fuente del "Tío Peseto" o las "eras" de los alrededores.


Fuente del Tío Peseto en la actualidad

El nogal cerca de la fuente y del Molino


Ruinas del Molino de agua






Vista de Zafrilla

Lo que era mi casa y la escuela. 
Ahora es el Ayuntamiento.

En aquel entonces, nos mandaba el Gobierno una mantequilla
de no sabía qué país, para que nos quitáramos el hambre
de la tarde; y más adelante, años después, un queso naranja
que venía en latas ¡Ah! y también leche en polvo.

Y esto es lo que no he olvidado y quiero contar.
Eloy, un chico que era mayor que yo,
y que creo era hijo del carpintero,
una tarde me regaló una paleta, hecha por él,
para untar la mantequilla en el pan.
Lo recuerdo con sus pantalones cortos de pana negra
y una especie de chaqueta con chaleco abajo y camisa.
Se acercó callado, era muy callado siempre,
y me la dio en la mano.
Puedo decir que sin verme la cara, me supongo,
lo que llaman ahora "ojiplático".
Pasé mis dedos por la hoja que estaba pulida;
tenía la punta redonda y el puño,
un poco más grueso y redondeado del tamaño de mi manita.
Es un recuerdo indeleble ese momento.
La olí y olía a madera de pino
y lo miré con enorme agradecimiento.
Ambos estábamos con la cabeza agachada.
Igual no dijimos nada, como hacemos frecuentemente los hombres.
Alguien, de lejos, podría recordarle la imagen el cuadro de los trabajadores
del campo a la hora del Ángelus, de Millet.

Pero sin llegar a tanto, aún, mi corazón
recuerda ese regalo como un don inesperado
...y sigo agradecido a mi amigo Eloy.



© GatoFénix



© GatoFénix - Zafrilla II (Continuación y apéndice)

Publicado el 11-09-2014 13:08


Estos olmos los plantamos a la entrada de Zafrilla, las alumnas  y los alumnos 
en aquel entonces. La misma edad tenemos.


Hay dos olmos a la entrada del Zafrilla
que tiene mi edad aproximadamente.
Los plantó mi padre con los alumnos de la escuela,
esos que están con él en la foto de blanco y negro.
Plantó dos árboles, tuvo cinco hijos y le faltó escribir un libro,
aunque todo lo llevaba en la cabeza.
Por eso, en su memoria, tengo la obligación moral
de dejar constancia de sus enseñanzas
y parte de su historia porque son las raíces de la mía
y de la de algunos de vosotros..(refiriéndome a sus alumnos)

© GatoFénix

PD: Debo añadir que dos días después empezaba la Feria y un "insigne" hijo de Cañete hizo el Pregón.
Lo encontré colgado en el Facebook, por el mismo sujeto que me borró un mensaje aclaratorio de otro anterior, porque debe ser" el puto amo".
En él aparece una referencia a mis padres.
Ambos, después de once años de trabajo de maestros en aquella aldea
y en aquellas condiciones, son mencionados como... mi madre hacía la comida y mi padre, no he encontrado el significado de lo que le llama,
pero suena a insulto, por lo que parece que viene de entonces todavía el odio.

Ya, ni muerto respetan, ni honran su memoria la gentuza.
Este "ínclito" pregonero, no me ha contestado al correo que puse en su página.
Le he dado unos días pero debe ser que se tiene que asesorar o solicitar del argumentario de los de siempre.
Él no sabe nada de mi padre, porque no estuvo allí.
Todo se lo han contado, como se hace en estos días con la historia, con todas las historias.
Y se oculta aquello que no conviene que se conozca
o se queman documentos que los pueden inculpar.
No creo que haya documentos de aquella época.
Ni si hubo una denuncia a los que mandaban entonces por algún tejemaneje.
Sólo sé que a raíz de aquello que no existirá, aquel año (1955) les dieron a cada vecino 500 pts. de una tala de pinos.
Era mucho dinero para entonces y digo yo ¿Cómo no se contó eso en el pregón de este insigne pregonero?
¿ Y por qué ese año se pago esa cantidad y nunca antes, y que yo sepa, nunca después?
Claro había pocas personas que supieran escribir y ya no digo redactar algo.
Tal vez ni se atrevieran a hablar.
Y digo yo ¿ cómo puede ser que las historias se repitan y manden los que mandaban y seamos los perdedores siempre los mismos?
Lástima de gentes que siguen o ignorantes o acobardados.

Tengo pendientes un par de visitas, de agradecimiento y de cariño.
Quería hacer unas fotos a mi antigua casa, pero ya me han dicho que no queda nada de ella; pero cuando no quede nadie de quienes nos quisieron ¿para qué ir?

Así son las cosas.
Tercas como ellas solas, que diría un manchego.
Un manojo de vividores que flotan en cualquier sustancia y circunstancia.
Trabajan de mamporreros en cualquier régimen político.
"Hacen a pluma y a pelo"
Son ellos los que hacen que este y otros pueblos maravillosos, se vayan consumiendo en la miseria que transmiten, hasta desaparecer, para luego reaparecer con otra identidad que nada tiene que ver con su esencia.
Un parque temático.
También menciona, "el insigne cohete", en su Pregón, a mi amigo Eloy, para decir de él que no sacó ni el Certificado de Escolaridad.

Yo no lo sé, porque me fui antes de que terminara el periodo escolar, pero puedo decir que me encantaría abrazarlo porque su corazón era de "Doctor Honoris Causa en Humanidad y Generosidad".
Qué le vamos a hacer, parece que todo vale para arrancar unas risas al respetable. Tipo Wayoming
Pero mira por donde esto que escribo lo leen hasta en Australia y en Japón y en Estados Unidos y el México y en Argentina y no les va a caer bien este Pregonero de las Ferias de S. Agustín en Zafrilla: D. Miguel Romero Saiz, el 25 Agosto 2014
¡Va por ti, papá! ¡Va por por ti, mamá!


156 - Sobre el mar...gaviotas.

 



Sobre el mar
siempre hay gaviotas
cuando podemos oler la tierra;
cuando casi, llega a nosotros.
Hay marinos que perdieron la vista
de tanto mirarlas...cuando el Sol las recortaba,
como si en el pergamino del cielo quedara
un vacío infinito,
lleno de nada:
de nuestros insulsos deseos 
de hombres comunes y desnortados:
Mirando nuestro ombligo
© GatoFénix


Parece que interesa.

815.- A las 6:66 de la tarde...de ayer.

Gato de metal...Mi signo chino. AveFénix...Siempre, de ahí mi pseudónimo. Aparcada la moto  en la Entrada de Urgencias en el Hospital de Tom...