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22 diciembre 2021

46-Días de limpieza.

 


Escrito y publicado. 

miércoles, 29 de enero de 2014

Días de limpieza.

Los últimos días del año lunar chino

recomiendan limpiar.

Basan la limpieza en la eliminación de cosas

que ya no sirven, o están en desuso.

Limpiar es tirar, abandonar, apartar y apartarse.

 

Hay que dejar libres los espacios para luego

ir recibiendo los dones del año que llega.

 

Las cosas nos inundan y nos quitan vitalidad.

El exceso de cosas nos acosan por todas partes

produciendo una sensación de agobio,

de falta de aire, provocado por una falta de espacio.

 

Todo esto es fácil decirlo pero no es fácil hacerlo.

Los que nos hemos criado en el ayuno y la abstinencia

en el hambre y la carencia, no podemos fácilmente

olvidar/renunciar a nuestra experiencia.

Cuando se caía un trozo de pan de la mesa

al cogerlo le dábamos un beso.

Días de pan duro y otros sin pan.

Nosotros hemos llegado a no tener nada.

Eso ahora no se entiende, lo sé.

Aceptamos esa realidad pero nos hicimos promesas

y crecimos con ellas.

Cuando hemos podido, sin hacer daño a nadie, 

hemos ido muy poco a poco, adquiriendo,

coleccionando cosas que no tuvimos.

Nos fueron llegando los juguetes a destiempo,

a veces nunca, y nosotros nos regalamos,

pacientemente, aquello que no tuvimos.

 

Luego vimos que aquello no era lo que pensábamos.

Pero, una vez con ello, unido a muchos más objetos

crearon un ejército de cosas innecesarias

unidas afectivamente a nosotros,

por lazos insondables difíciles de desenmarañar.

 

Este año como otros, desde hace muchos,

sé qué lo correcto sería desprenderse

de aquello por lo que ya no tenemos apego,

y sólo la pereza, o las dificultades actuales

de hacer una gran hoguera por S. Antón

nos retiene en esa madeja de objetos innecesarios.

 

Cuando miro en alguna caja llena de polvo

encuentro que el pasado se desliza por mis dedos,

me ilumina los ojos con formas o papeles escritos

que me llevan como en la alfombra mágica

por los cuentos de las mil y una noches

con todos los personajes dormidos en el tiempo

y que yo, por un momento, hasta ese dolor

o esa fatiga momentánea, me encontraba allí 

dentro de ese cuadro histórico,

tan de esa edad como los demás de la foto.

 

En mi caso hay cantidad de materiales escolares,

algunos como alumno, cuadernos y libros;

otros como profesional de lo mismo con:

proyectos curriculares, planificación de aula,

investigaciones didácticas, trabajos (publicados o no),

dibujos, cómics didácticos, exámenes y apuntes,

listas de alumnos, libros viejos y

otros más recientes, 

leídos y olvidados.

Sólo esto haría una pira que no desmerecería

de las que instalan a las orillas del “río sagrado hindú”.

 

No sé qué sentiría ardiendo con ello.

Todo desaparece y es un vértigo incomprensible

para mí, tal como soy.

No hay nada más como nosotros que nuestros escritos;

una parte material y un pensamiento hecho palabra: un alma.

 

Ya sé que no soy las cosas pero las siento

dentro de mi y son, gracias a mi, aunque no estoy seguro

de que merezca la pena perpetuar nada de alguien

que prácticamente

no ha llegado

a nada,

como yo. 

 

© GatoFénix


Reacciones: 

 2 comentarios:

Anónimo dijo...

No llegar a nada y ser mil veces más que un azx.

:-)

No ser nada y seguir en el camino.

:-)

Tienes la consciencia. Eres increíblemente afortunado.

:-)

Nunca pude tener una Harley.

:-)

Gracias por escribir para mí.

:-)

azx

30 de enero de 2014, 2:22 

GatoFénix dijo...

Gracias a ti.
Pareces el eco de una sonrisa.

No sé que significa azx :(
Lo siento
Como siento no saberte, pero: gracias.

45- (por estas fechas) El matacerdo

 


El matacerdo -1954 en Zafrilla  -  2009 En otra parte de España, lejos. Pero con el corazón ahí mismo todavía.

 

No creí tener nada más que perder
si lo perdí todo, porque ya no queda
ni el pensamiento.

Jugamos con el recuerdo,
que no es pensamiento, y nos revela
imágenes que viene de nuestro origen.

No tenemos razón,
razón de ser.
Ser, sin razón de ser,
de esta manera...
Y tal vez, ni de otra.
Vaya usted a saber.

Todo se nos agolpa en el cristal.
Cristal, a través del que miramos,
el tramo que nos queda por pisar
en nuestro viaje.
Imágenes que, al estallar, estampan:
el olor de café negro con sopas de pan duro,
las magdalenas tiernas, recién hechas por tu madre
en alguna fiesta; sobre todo
en Semana Santa y en Navidad.
El roscón de Reyes con su haba.
Nata y chocolate caliente...
No sé,
yo digo que todo es,
el mundo de la pantalla del casco de la moto,
pasando por un campo de alfalfa en verano.

Plagado de mosquitos. ¡Oiga!

Una nube de mosquitos que no dejan ver
entre los huecos.
Recuerdo todavía..
Los tarugos en la lumbre, su calor,
la chimenea, los humos, las toses 
de los hombres, del tabaco liado;
las mujeres: las madres, las vecinas,
abuelas, nietas y primos de las primas,...
un buen grupo de gentes de al lado,
y yo, muy chiquitín, con cara de susto permanente...
En ese entorno por primera vez.
Era como por estas fechas.

Es "el día de la matanza",
ahora aclaro que me refiero,
a la matanza del cerdo.

(Quién iba a pensar por aquellos días
que fuera necesario aclararlo,
en este tiempo o alguna vez
Entonces ya habían vuelto a la vida los campos
a los que sobrevino la muerte del invierno de la guerra
con sus desastres. 
Luego, años después, que era entonces o como ahora;
y que las amapolas adornan el trigo y no a los seres:
hombres, mujeres, niños y animales
que regaron con sangre, en vez de agua,
aquel suelo tan cerca de Teruel.
Todo lo comentaban entonces,
que yo, era tan pequeño que era invisible.
Y no sabía de qué hablaban.
Por eso, nunca asocié "matanza" a nada
que no fuera esta reunión de gentes sencillas
que se ayudaban unos a otros
a sobrellevar, nuestro I Ching particular,
preparando la despensa para un larguísimo año,
en donde no existían grandes ni pequeños comercios.

Los chillidos del cerdo, hasta subirlo a la mesa,
varios hombres, tirando de él con un gancho de hierro
clavado bajo la barbilla.
No se conocían todavía: al Capitán Garfio,
ni, tan tierra dentro, a los estibadores.
Esos chillidos del cerdo no se olvidan;
niños corriendo a esconderse tapándose los oídos;
llantos de los más pequeños y voces de todos, 
hasta el silencio.
El cuadro era así:
Una mujer removiendo, con la mano, la sangre en un lebrillo.
Sobre la mesa el cerdo yacente, como dormido;
por todos lados el humo y la niebla;
los tragos de vino, el sudor de hombres y mujeres.
A un lado, el enorme caldero cociendo la cebolla;
al otro, las brasas y con las aliagas,
quemando las cerdas y con trozos de teja,
"descoscando" al cerdo, que veía tan enorme, 
raspándolo con un trozo de teja de barro.
Los niños corremos enloquecidos, a una voz.
Las manos heladas, el corazón encogido
y con la risa nerviosa del desconcierto
y del hambre.

Olor a pan,
pan amasado en un artesa de madera, cocido en el horno de leña.
Pan que nos dan con un torrezno con una barba de días,
que nos pincha, y un poco de sal;
Calzamos zapibotas, gastadas con los andares de otro;
jersey de mezcla y calcetas de lana que pica;
pantalones cortos, ahora, como
algún día, largos; de pana helada,
entre color miel, marrón y musgo seco;
camiseta de felpa de manga larga
sobre la piel de gallina
de aquellos días tan señalados.

Impactos llenos de imágenes
que van llegando y
al estallar,
el aroma que expanden
viene a hacernos creer que son algo y
ya no son nada.
Hoy, cada día, y ahora, más lejos,
nos aborda el presente,
a través de los Medios,
y estampan las matanzas de cada día
en la pantalla de plasma y nos deja plasmados.

Todo está como al revés.
Como la venganza de los cerdos, es.
(Guerra de las Galaxias al fondo).
Matanzas de seres humanos,
a manos ¿de quien?...

Y sigo con el corazón encogido
porque oigo los gritos,
ahora de los niños, ayer mismo,
y no puedo hacer nada.

© GatoFénix

Aquí se describe todo: 
https://montalban-fotos.blogspot.com/2013/08/el-matacerdo.html

21 diciembre 2021

44 - "Un... no saber"

 


“Estar en…Un no saber”
 ¿Sabéis de esto que notas
que una palabra indica
que estás fuera
del Corazón de otro?

 

Pues eso:
Un “no saber
dónde meterte…
invade tu cuerpo”.

 

¿Sabéis de esto que notas…
que una mirada dice
que te ha sacado
de la niña de sus ojos?
Pues eso:
Un no saber
dónde encogerte
te llena el alma
yerta.
Sabéis, seguro que sabéis,
que “todo cambia y nada permanece”
pero… ¿a que hasta entonces
no lo sentíais de veras?
Es eso.
Sólo eso lo que hay;
lo que queda de lo que piensas
que había,
aunque;
las más de las veces
nunca hubo mucho más que eso,
en verdad.
Pues eso:
un no saber que habitas
entre creencias y fantasmas.
Un no saber,
al cabo,
dónde esconderte
plegado sobre ti mismo
en el inconmensurable espacio
de un Corazón
roto:
en el vacío.
¿A que lo sabéis?
Pues es una prueba. 
Una durísima prueba. 
No te culpes.
Un abrazo y mi bendición para ti.
Realmente: somos Uno con el Todo, aunque no lo creas.
Las Cosas son al margen de las creencias conscientes.
El inconsciente, a veces crea cosas que no creemos.
Por eso duele.
 Duele al Ego. Vaya si duele.
Lo sé...he renacido varias veces.
Un parto...duele mucho. 
 
© GatoFénix 
(Hoy día: "A toro pasado". Nunca mejor dicho "el dicho")


(Pensado en 24 abr. 2018)

Poniendo palabras a los que sienten o sintieron 
algo parecido y no quisieron,
o ni acertaron a escribir.
Con toda la comprensión y afecto 
de quien vivió esos desencuentros y
no supo contarlos; 
porque no había palabras 
en su diccionario de corazón,
pero... vinieron...
y me recompuse desde dentro. 
Tú puedes como yo.
¡Ánimo!

 

Salmos 73:21-26

Reina-Valera 1960

 21 Se llenó de amargura mi alma,
Y en mi Corazón sentía punzadas.

22 Tan torpe era yo, que no entendía;
Era como una bestia delante de ti.

23 Con todo, yo siempre estuve contigo;
Me tomaste de la mano derecha.

24 Me has guiado según tu consejo,
Y después me recibirás en gloria.

25 ¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra.

26 Mi carne y mi Corazón desfallecen;
Mas la roca de mi Corazón y mi porción es Dios para siempre.

43-Huellas de gorriones sobre la arena








El primer poema de una pluma nueva.
 Al estrenar esta pluma
 me han crecido alas;
 alas marineras de una gaviota,
también de mariposa, alas.
Alas del viaje intemporal
 de un viejo navío.
Alas de un gusano transformado,
 en la noche oscura de la juventud;
 crisálida del miedo, del fuego y la torpeza.
 Alas, al caldero de la infancia
 donde se coció la cruda realidad
 de un tiempo macerado por la tristeza,
 la soledad, las neuras, el hambre
y la flaqueza.

Hoy renace, transmutado,
un ser, como en la mariposa,
 fruto de la metamorfosis consciente:
 único parto posible
 del hombre.
Hoy ha nacido de mi nueva pluma,
unidos el corazón y la cabeza,
este poema de gaviota marinera
con tanto mar dentro y tan adentro,
con tanto viaje en sus alas
 que no aprende a llegar
 nunca, a otra parte
 que al final de una hoja
blanca de papel de árbol.
 De alguno, tan generoso con nosotros,
que aprovechando un otoño,
 como el de esta tarde,
 se convirtió enteramente en hojas
 blancas, de papel, repletas
 del último sol y del primer rocío.

Así, de esta manera,
 la tinta azul real, que corre por mis venas,
 ha marcado en esta,
 también arena de la playa,
 las huellas de una bandada
de gorriones ribereños,
más de Sorolla que de Ribera, y
al fin,
al levantar el vuelo...
todo esto han dejado en el suelo.

Todavía no sé,
 si debidamente colocado
para nuestro entendimiento.

© GatoFénix
                                        (Iba a poner feliz, de ahí el borrón "lapsus calami" porque es la pura verdad)

14 de noviembre de 2008 en Meco, el punto de España más alejado del mar. Ya, pero eso es... para otro día, más adelante.


Hay tanta humildad y tanto amor en tus palabras
que haces brotar lágrimas
hasta de los ojos cansados y a la vez pétreos
de quien esto escribe.
Gracias, Jose Javier.
Y sigo...
Tus elogios Jose Javier,
son mucho mejor que las gaviotas.
Las letras
no son más que las huellas
de un gorrión solitario.
…Ellos no saben de gramática
pero lo cuentan todo
con sus pasitos.
Sólo bajan a la arena
para decirnos algo.
Después están volando
piando o en silencio y
cuando los ves tan juntos
flotando sin tocarse,
parecen una red
que quiera pescar el aire.

En la tierra hacen falta plumas
pesadas plumas como arados
para macar los surcos
de la mano del hombre, que
luego, se transforman en
mieses y ababoles.

Tu pluma es necesaria
igual que los gorriones
porque, si no, cómo conocerán las gentes,
si no lo escribe nadie,
cómo de bueno puede ser
el corazón humano.

A veces la besana no es
sino un extenso pentagrama,
en el que,
luego de posarse, los gorriones
brota la partitura que sólo ven 
los sabios labriegos, los pastores y los niños…
hasta que, algún lebrel, con su ladrido,
les hace batir las alas ...y levantar el vuelo
sin un porqué, Jose Javier.

Así es tal como se escribió en su día, que de esto hace mucho; pero la memoria de algunas cosas perdura grabada en estos artilugios modernos que nada tienen de piedra ni de tinta.
Un abrazo
GatoFénix

42-Las dunas.



 


Las dunas

Si me hablaras esta noche,
como el que cuenta historias ya sabidas;
contadas tan cerca
que notas el aliento;
me dormiría.
Sería todo sueño,
y volvería en tu regazo
a la noche de la playa.
A aquella playa sin luna,
a aquella llena de barcas
sembradas en la arena,
entre los cepos,
recostadas
del lado del ramal
que las une al ancla.

Ya sé que el tiempo
es el viento que mueve las dunas,
poco a poco, y
rodando,
las crea en otro sitio:
en otro tiempo y en otro espacio.

Ya sé que los recuerdos
son la arena del reloj del tiempo.
arena que cambia de lugar
con la memoria de la forma.

Dunas que aparecen,
después de un largo viaje
por el tiempo, y
llegan a esta tarde recreando
nuestras formas como un surco de tierra,
surgido del deseo, el todo y el vacío,
girando sobre si, en el enredo del nosotros;
croquetas de las sobras del cocido de nuestra infancia,
antes de pasar por la fritura,
y el hambre del momento
como mejor ingrediente.

Si te encontrara
como el que encuentra
el dracma perdido...
te miraría.
Sólo te miraría
tratando de reconocerte
buscando
en la memoria de la arena
y el piélago bullente del recuerdo
esa peca en tu labio.

Sería todo un sueño
sacado de las dunas de una noche de verano.
Cuando el mar era negro
y sólo se oía, como un eco,
el ladrido de algún perro.

© GatoFénix
(Escrito el 7 de Mayo 2008)


Mariposa y una hoja.

41-Mi primera caída en moto. Aquel uno de diciembre.

 

Aquel uno de diciembre...(I) 


Hoy tengo la sensación
de haber redimido el día.
Porque, un 1 de diciembre, como hoy (cuando lo escribí),
salí de mañana en moto...
y volví, milagrosamente a casa.
 
Era novato y salía, por entonces,
con otros moteros para foguearme.
Ellos, pensaba yo, me harían compañía,
en esas rutas solitarias por carreteras,
de segunda, llenas de sorpresas tempraneras.
 
Era aquella de las primeras vueltas
en mi moto recién comprada a un colega,
y que luego iría dando sorpresas.
Todo por fiarme, como siempre
La moto, una R100RS de BMW, gris metalizado.
"La de los pucheros" para los amigos,
preciosa como ella sola, en su fealdad.
Como una mujer madura, cargada de pecho
y estrecha de atrás; entre serpiente y camaleón.
Me gustaba sobre todo el cintillo a mano, rojo y blanco,
de su  armonioso depósito entre mis piernas.
 
Fueron ochocientas mil pesetas, ahorradas una a una,
que me dieron “un algo sin precio” que me hubiera perdido
de no adquirirla y no sabría nada de este mundo fascinante.
 
Yo, con pantalón Bieffe de cuero casi rodillero,
hay que ver cuando uno empieza la de probaturas
hasta atinar y salir de ser “globero”, y la chupa, una cazadora
de cuero negra con dos líneas amarillas desde las hombreras
por todo el tríceps abajo hasta la muñeca pasando por el codo.
Ya ni me acordaba y ahora me estoy sonriendo al verla.
También, de segunda mano. El dueño había engordado,
yo entonces gastaba una M tirando a L como un figurín.
No sé si tengo alguna foto y si la tuviera el pudor
no me dejaría subirla....Furigam era la marca de ella
y llevaba a la espalda un felino tipo jaguar muy oportuno
y en el pecho otro clon pequeñito en un circulo.
Total, treintaisiete mil del ala, que ya era una pasta.
El "yelmo" de aqueste caballero era un BMW System II
que hizo su función como Dios manda.
 
La mañana de niebla alta y frío meón me envolvía
junto a mi tristeza cuando salí de casa obligándome.
Estaba efectivamente en horas bajas, tan triste
que casi no estaba en mi y ... como aturdido.
Pareciera que los planetas de mi carta
se hubieran confabulado contra mi
o tal vez, me preparasen una prueba.
 
Empecé la ruta sin ilusión, no diría que con miedo,
pero sí como apercibido y con recochura; diría
que como cuando llevas el hato pegado al cuerpo
como si cargases con un jergón de paja y envuelto
en una manta de mula con olor a polvo seco
caballeriza y heno tibios.
 
Más que una salida era un escaparse, como una huida capada;
una carrera corta de cabra montaraz atada a estaca
que la encabrita al límite de la cuerda y la tumba acencerrada.
 
Ellos empezaron a tirar, como era su costumbre,
porque era su ruta habitual desde hacía años y yo
casi me la encontraba de nuevas.
Yo iba el último, casi a su paso.
Me fueron pasando retozando y yo amarrado a aquel fierro
iba rebotando y saliendo como podía de cada situación.
La carretera, que nunca me gustó, era estrecha, de firme variado
y alternando zonas rectas con zonas de curvas entre arreates, majanos,
pedrizas, olivares, majuelos, carrascales y campos de liego.
La mañana olía dulce como a humo de encina o de sarmientos verdes.
Se llegó a la Ossa y de allí tomaron la de El Bonillo.
El paisaje era más abierto y más de monte bajo.
De ahí se gira a Viveros para llegar, en la carretera Albacete Jaén,
a El Jardín que era donde almorzaban.
 
El tramo estaba en obras, había trozos de nuevo asfalto rugoso
y tramos sin hacer y otros tan recién hechos que conservaban
la grava en las lindes con la tierra y los matojos.
Justo por ahí y en esas circunstancia se presenta una curva a izquierdas
y yo a más de lo que podía controlar, y en décimas de segundo
antes de tumbar y resbalar en la grava decidí
levantar la moto, clavar los hierros mientras hubiera asfalto y
luego más lento, salir por la tangente de la curva.
Me puse de pie en los estribos y bajaba bien el terraplén,
porque había un terraplén de un par de metros de talud,
pedregoso con hierbas de invierno y el suelo mojado,
hasta el final que se paró en seco abocicada en una acequia.
Salí por las orejas llevándome con el pecho el carenado
llegando a enderezar un par de tubos del calibre de mi dedo medio.
Volé unos metros y daría alguna vuelta de esas que hacen los acróbatas,
que ya serían cinco metros, al menos, hasta que tomé tierra,
con no sé qué parte del cuerpo incluyendo mi cabeza y quedando
postrado, hecho un reguño hacia la izquierda,
justo al lado de un pedrusco del tamaño de una silla baja de anea
sin respaldo. © GatoFénix (1a parte)

El hecho es que se clavó la rueda al final del terraplén
en una reguera o riachuelo;
volcó hacia la izquierda y yo salí despedido
hacia adelante rompiendo con el pecho en mi trayectoria
la cúpula del carenado.
Volé unos metros, tal vez cinco.
No sé con qué aterricé.
Recuerdo el olor y el tacto del suelo.
Sigue siendo blando, gredoso , gris y resbaladizo.
Miré al cielo.
Por un instante distinguí una luz intensa y difusa.
El cielo se hizo nácar y no sentí nada.
Tampoco sé cuánto tiempo después;
Instantes, segundos, minutos…no sé
enfoqué el circulo donde se ocultaba el Sol
tras una espesa capa de tul blanco satén
que antes fuera niebla y que hasta sudario
hubiera podido ser aquella mañana.
 
Me incorporé.
A mi izquierda, como a medio metro,
la piedra cuadrangular que dije.
Era un pódium vacío, de uno sólo
el vencedor caído a su vera
era una paradoja fangosa.
La sensación es que estaba entero.
La pantalla manchada de barro,
arriba a la izquierda.
El frontal había impactado en el suelo
de tal forma, que la bisagra de las gafas
habían golpeado el centro de mi ojo izquierdo.
Luego apareció un hematoma como una lenteja
pero veía bien.
Entonces llegaron mis compañeros.
Me ayudaron a levantar la moto,
roto el carenado y enfangada,
y también a subirla a la carretera.
 
La palanca de cambios estaba partida por la mitad.
Arrancamos, engranada la segunda con la mano
Y así hasta ciento cincuenta kilómetros
hasta mi casa, sin poder cambiar de marcha.
 
Gracias a Dios, sólo hubo daños materiales:
Un carenado nuevo; la maneta izquierda,
la palanca de cambio
y el depósito de gasolina abollado. 
 
Personalmente, sólo fui al oculista.
Dijo que había habido suerte,
que no había daños y que se absorbería
el hematoma..
Al día siguiente de aquello era lunes.
Fui a dar clase como de costumbre, aunque,
casi no podía respirar.
 Tenía el pecho como el peto de un romano.
Y hasta hace unos años, al apretar mi esternón,
Sonaba un clic como de que algo
andaba suelto en las costillas flotantes.
Aquel dolor en el pecho
Me duró un mes; la tristeza, años
Y el recuerdo, hasta hoy tal como os digo.
 
Aprendí muchas cosas ese día.
Y creo que desde entonces me quiero más
tal como soy o como he venido a ser poco a poco.
Me agradezco, cada día, haber tenido el valor de levantarme
y seguir adelante como un juguete roto
sobre otro juguete roto.
Desde entonces, somos la moto y yo una alianza.
Cómplices ambos en la tarea de navegar
el tiempo y el mundo.
Hasta que Dios quiera.
 
© GatoFénix

Parece que interesa.

815.- A las 6:66 de la tarde...de ayer.

Gato de metal...Mi signo chino. AveFénix...Siempre, de ahí mi pseudónimo. Aparcada la moto  en la Entrada de Urgencias en el Hospital de Tom...