que parecen de papel maché
Zapato negro invertido,
en el mejor sentido de la palabra,
Botas de media caña y cremallera;
Zapato blanco de ribete, calado;
Zapatos de princesa tímida,
ligeramente asomado bajo un contenedor;
Zapato veraniego con dos equis y hebilla exterior;
desastre de zapato color lila sin cordones
y mucho trajín de vida;
Dos playeras ribeteadas de rojo guinda;
Zapato café no leche, corto de café;
Sandalias decadentes en rosa palo;
procesión nocturna de Zapatos tristes;
sandalias MARYPAZ;
Botas después de hacer el camino de Santiago;
Muchas Cenicientas y cenicientos
dejando señuelos pero sin príncipes de cuento
tras su pista.
Tiempos estos de "príncipes despistados".
Que no han leído o que les han contado
otros "cuentos".
Ahí están rodando por los suelos,
tristes zapatos,
padeciendo la intemperie inclemente,
de este invierno, riguroso y meón tiempo:
imagen viva de nuestro presente.
A veces pienso que dentro de cada “princesa”
hay un tímido zapato
abandonado y triste…
Pero no hay que fiarse.
“¡Tristes zapatos, todos nosotros!”

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