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11 noviembre 2021

11-11:11 a las 12:12

Que está puerta que se abre sea para bien.

A mí, como GatoFénix que soy, me vendría bien
 aunque fuera una gatera.
Para los demás, deseo que sea magnífica.
Una puerta enorme por la que, al cruzarla,
Os llevará a otra verdadera dimensión.
Tan perfecta, que os hiciera sentir distintos y a la vez, 
los mismos de siempre, pero más livianos y luminosos.

Una puerta ésta, que nos revelará quienes somos realmente, 
al margen de la mente, 
lejos del ego y demás padres de,
 "el miedo", nuestro mayor enemigo,
 porque nos manipula y nos aleja de La Verdad con mayúsculas 
y nos hace vivir constantemente en una rueda de hámster,
o colgantes de un enorme globo de helio o,
mucho peor, en Las casa colgadas de Cuenca,
hundidos en el desamor de nuestra infancia, viviendo, 
una y otra vez, el cuento de la Cenicienta sin anestesia y 
sin saber bailar, que eso es clave en esta vida.

Un día éste, que me he levantado como con una pegatina liviana e invisible pegada a la frente, 
sin saber qué es, ni qué me va a regalar en esta soledad conmigo mismo;
 más cerca de lo intangible que de la manzana que voy a tomar a las 12:12 horas de hoy 11:11
Me detengo un poco para enviaros estas palabras del alma.


© GatoFénix


Bonito en demasía, pero...antes fue la palabra.



10 noviembre 2021

10 .- El "mechinal": nacer a la hominidad consciente. Zafrilla- 1-2

 

Así de "grande" era entonces 1953
Y ese tiempo es el que reflejo en este escrito.


EL *MICHINAL-1
Entre los tesoros de mi infancia
me quedo con la memoria y tengo,
guardada en ella,
historias vividas o contadas que,
con el tiempo,
no se distinguen las unas de las otras,
gracias a Dios, a veces, porque así
todo parece de cuento.
Mi infancia fue muy rica,
dentro de la pobreza material,
y una vez nacido en Cuenca,
como ya sabéis, por otro relato anterior,
mis primeros años,
y desde que empecé a tener conciencia,
transcurrieron a unos ochenta kilómetros de la capital
yendo para Teruel.
Todo pinares y espliego,
resina y miel blanca de romero y oscura, de encina.
El nombre es lo de menos y también  me permitirá
mayor libertad y despertará la curiosidad
por descubrir el lugar, que es tan real
como lo podamos ser nosotros.
Hace unos días estuve allí.
Quería ver, lo que tenía en la memoria,
con los ojos de la cara.
Fue un bonito encuentro, aunque
con casi todas las ausencias humanas
y materiales propias del paso de los años:
amigos fallecidos, el olmo de la plaza,
el remozado y nueva función de la que fuera
mi primer hogar.
Hubo un tiempo en el que yo no estaba
y lo que sé es por lo que he podido oír.
Luego nací y cuando tenía diecinueve meses,
nació mi primer hermano, tantas veces
me han repetido lo que nos llevamos,
que, como para olvidarlo.
No es que pueda contarlo todo,
de corrido, desde entonces,
pero desde el fatídico día en que nació,
incluso varios meses antes, cuando mi madre
supo que estaba embarazada,
llegó un primer trauma al cambiarme
la teta, por la tetina y
la leche de mi madre; por
el maldito Pelargón.
Todavía recuerdo el olor agrio,
aunque pueda parecer mentira.
Bueno, pues un día lo dejó mi madre a mi cargo.
Él gateaba entonces y yo
no habría cumplido los dos años.
Los detalles de cómo cayó rodando por las escaleras,
mentiría si digo que los recuerdo.
Los hechos, las voces que me dieron, los azotes
y el ejemplar castigo, lo recuerdo
como si fuera hoy mismo, esta mañana.
Después de recoger a mi hermano en el escalón que estuviera,
que puede que llegara al rellano; yo qué sé.
Lo puso en el moisés, que era como un cesto de mimbre,
Mi madre o lo que quedaba de ella,
sofocada y colorada; fuera de si,
me gritó con palabras que todavía
no tenía en mi vocabulario y
después de zarandearme, que casi me descuaderna,
me dio unos azotes que me dolieron
hasta en la nunca.
Tal es así, que en este momento
me empieza a resudar la frente
y eso que han pasado, cincuenta y siete años
y tres meses.
empero no fue todo. No.
No era suficiente dar por hecho
que había sido un acto premeditado y
con intenciones criminales,
incluso llegué a odiarme durante años porque
con ese síndrome de Estocolmo tan temprano,
lo asumí todo a pie juntillas. De hecho,
no creo que me habría ido peor
de haber muerto mi hermano,
como consecuencia de la caída, si exceptuamos,
la pena capital, que estaba en España
todavía vigente en el cincuenta y tres. (sigue)
El delito debía tener, además, un castigo ejemplar,
aunque por mi parte ya había quedado todo claro
y no creí que hubiera más
¡Pues lo hubo!
Me cogió en volandas, como una posesa,
la recuerdo con falda de paño pardillo
y con finos cuadros blancos al bies, a modo de rombos
y una camisa camisera, de mangas largas y hombros de farol,
botones forrados tipo guisante aplastado,
abrochados hasta el cuello, de solapa redondeada.
Todo eso vi en los dieciocho escalones del tramo de escalera que bajaba a la calle. Pero
no íbamos a la calle.
Giró a la derecha y
abrió la puerta del *michinal,
donde se guardaban las patatas tardías para el año,
y allí me sentó sin cuidado alguno, sobre las mismas
y cerró la puerta, como si nunca más se fuera a poder abrir.
Las patatas por aquella época del año tenían "los hijos" 
ya para ir a la mili,
tan crecidos que algunos parecían un ejercito de espárragos,
en posición de rindan armas, hacia la celosía de la puerta,
que estaba en su parte superior y era
la única luz mortecina que nos difuminaba.
Yo estaba llorando desconsoladamente, esto textual,
pero en silencio.
Sólo grité en los azotazos, después
sólo lloraba a lágrima viva.
Con los ojos anegados y la penumbra reinante
experimenté la cámara oscura y cómo algunas imágenes borrosas
aparecían invertidas en la pared de la derecha
justo en el pequeño recuadro luminoso donde incidía la luz
que entraba por la celosía.
Lloraba amargamente y con las manos
llenas de la tierra de las patatas,
no me atrevía a enjugar la lágrimas con mis dedos
y sólo alcanzaba a quitármela junto con los copiosos mocos,
con la manga derecha y con el dorso de la mano izquierda.
El tiempo pasaba húmedo y terroso,
no es como cuando llueve y huele a tierra mojada,
era como cuando hacías un hoyo con las mano
y te olías las uñas.
De la desesperación y el llanto
fui pasando al sollozo,
a la lágrima silenciosa y caliente
hasta llegar a la tristeza.
Una tristeza que nunca sabré contar
y por ello desisto de intentarlo.
Era una tristeza no exenta de rabia y de impotencia
pero en aquella penumbra se me trajo la simiente de la sabiduría,
una carga muy pesada a cualquier edad, aunque yo, poco a poco,
la fui apreciando como un valioso don.
"No tengo a nadie" - pensé 
y después de una larga pausa y varios hondos suspiros,
me dije mirando a mi estómago y con la barbilla apoyada en mi pechete:
"Desde este momento, seré mi padre y mi madre"
Y dejé de llorar.
Tardé muchos años en recuperar el llanto,
Ahora, gracias a Dios, lloro con naturalidad si viene al caso.
Fijaos qué curioso, ya no recuerdo más.
No sé el tiempo que pasaría allí sentado
sobre las patatas, con aquellos tallos altos y blancos como espárragos;
No sé ni quien ni cuándo abrió la puerta;
Ni si me cogieron en brazos o si subí yo solo las escaleras,
andando de una en una echando el pie derecho y apoyado en la pared
retrancándome en el izquierdo, como un pirata patapalo...
Todo fue distinto desde ese momento.
El *michinal, de debajo de la escalera,
hizo las veces de crisálida y fue mi universidad de la vida
en la que cursé el master sobre:
"El corazón de la gente; la metamorfosis permanente"

© GatoFénix


Zafrilla (Cuenca) en invierno.


justo ahí, hace muchos años: mi casa, entonces.


Cuando la palabra es bálsamo. Mechinal 2

Tus palabras son bálsamo
de mi cuerpo,
como si fueran manos
cubiertas por la seda de tus dedos.

Lejos de los gritos...
y del recuerdo de aquel eco.
Aquel,
de mi primera infancia
que
todavía al recordarlo
me deja inerme,
sentado en las patatas,
recluido,
en el cuarto oscuro bajo la escalera.
En la puerta, recuerdo,
a mi izquierda sobre mi cabeza,
una pequeña celosía de madera,
que con el paso del tiempo,
de coladero de penumbra a temblorosas polillas
y en mariposas blancas se venía,
pasando por puñado de luciérnagas.

Por eso
la fruta de tu voz,
me nutre donde el alma,
donde nace la brisa
de la primera mañana;
como cuando enfría tu cara
el llanto de la risa
y te abrazan con mucho amor.

© GatoFénix

Cuando la palabra es bálsamo. (Epílogo)

Salí de corcho de aquel "tullidero".
El que siempre se nos presenta
con distinto aspecto, ya sabes.
Con el culo dormido y
sin piernas reconocibles.
Me arrastraban de la mano,
quiero creer que mi madre, arrepentida,
pero me iba vacío
porque
parte de mi,
permaneció allí.
Casi hasta ahora, fíjate lector amigo,
que salgo por mi pie,
al fin
reconstruido.

© GatoFénix

 



9 - Este principio de año 2021. Os felicitaba así." El Buey"



© GatoFénix - Logo del año de "El Buey"


 Como loco, y con el barbijo por montera, me "lanzo al ruedo".

Hoy brindo (esto era en enero) por todos los días de este año del Buey que vendrán,
uno detrás de otro como vagones de un tren de mercancías de los de antes.
Este tren, cuando acabe de pasar por nuestra estación, será otro año.
El día de hoy sólo trae deseos de felicidad para todos los personajes del andén.
Todos y cada uno de nosotros con cara de viaje, que es, como una interrogación
llena de miedos y, a la vez, de ilusión de niño.
Parece que los magos de Darth Vader, ¿O eran de Da-Vos veinte 30?
No sé, creo que nos auguran trenes litera, que los aviones contaminan mucho.
¡Bueeeno! De aviones saben mucho porque hasta "van a mear" en ellos, con perdón,
que no quiero faltar, a la verdad por supuesto... ¿en qué pensabas?
Y otros que vuelan y dejan el cielo con nubes muy raras,
como si fuera borracho el piloto, para que me entiendas.
O como si no fueran a ninguna parte, o como si "los mandos" tuvieran amnesia
y no supieran regresar al aeropuerto.
Por eso, van a traer muchos trenes con literas para viajar, que pudieran ser un anticipo
a trenes de ganado con destino a ninguna parte, como ya pasó no hace tanto.
"El buey" es signo de gran trabajo y tesón, lástima que a veces no sepa adónde ir.
Aunque siempre hay una rata u otro animal más despierto y perezoso
que lo utiliza para llegar, tal vez donde él nunca hubiera querido llegar,
o sí, como en el relato chino cuando fueron a Buda a agradecerle su creación.
Por eso la rata subida en el Buey, donde había viajado, al saltar delante de él,
es el primer signo del Horóscopo chino...
luego viene el Buey, que es el de este año.
No es un año de negociaciones, más bien de aquí estoy y de aquí no me muevo,
pero claro, existe el riesgo de que haya topetazos, encierros, tal vez fiesta en el Ruedo.
No sé, se me ocurre, que como ahora, lo taurino está mal visto
puede que, como paradoja, porque de eso es tiempo, surja algún torero;
o alguien al que le corten la coleta;
o, en el peor de los casos, que quedemos todos
"para el arrastre".

© GatoFénix





8-El milagro de la connotación.

 Yo le dije, por Wasap: ¡Buenas noches!


Y al rato, me contestó: Adiós.

Nunca me habían dicho “adiós” como buenas noches.

Ni recuerdo nunca estar tan solo y tan engañado.

© GatoFénix






7-Asincronía de la recreación.

 


Los años se suceden y

 vamos sincronizados con el tiempo.

Necesariamente nos movemos 

o nos aquietamos, como todo ser vivo,

al ritmo de los astros

nuestra madre Gaia y los innumerables otros

como si fueran nuestros tíos.

Circulamos en torno a un vacío 

amarrados a los otros con las manos amorosas 

que nos han sostenido o nos sostienen, libres de ataduras;

inmersos en un remanso de paz...

 o en la vorágine de los hechos

que pasan por nuestras cabezas, 

soñando, 

o frente a nuestros ojos:

borrachos del movimiento de la Tierra.

El Sol, cada día, 

nos mueve a actuar llenando, nuestros ojos, de vida.

Cada vez nos pesa más el tiempo, 

pero las vueltas siguen monótonas

como las manecillas de un enorme reloj mecánico.

Cada vez tememos padecer asincronía porque vemos, que somos

un verso de pie quebrado en el soneto oficial que difunden

 los voceros oficiales: 

los encargados de "recrear" la Creación.

Como si fueran dioses y no son nada bueno.

Ni siquiera para ellos mismos.

Todo misterio maravilloso, 

es ocupado por un lodazal de pensamientos egoicos,

no menos sorprendentes que la propia Creación.

Por ello: hasta se llega a lo peor. 

Y se persigue a los anacrónicos desinstalados.

Si no, son descalificados, y etiquetados; 

se les señala y estigmatiza, que es casi más cruel.

 Y nos recuerdan, cientos, miles de veces, 

y de todas las maneras posibles...

que es a ellos a los que les debemos la vida, 

y no a Dios: Que no existe, dicen.

 Que la vida es tan frágil

..nos lo recuerdan, por nuestro bien, muchas veces.

Y entonces, el miedo nos debilita 

y nos enfrenta

a nuestros hermanos, que los han convertido 

en nuestros enemigos

y en sus aliados.


© GatoFénix






09 noviembre 2021

6 - Un cuadro de "inexistencias".


 Inexistencias.

Un vacío de gente lleno de nada…
en apariencia.
Porque... ¿Qué son los sueños? …

Menos que el humo de un rescoldo;
Menos que el vapor del agua…
para nuestros ojos.

Un cuadro de inexistencias.
La imagen viva del sueño de una tarde,
Entre miles de tardes de un verano
de los tantos veranos de esta vida.

Fresco calor tropical, interior.
Todo vibración: Todo.
Como son las cosas, de verdad.

Los ojos ciegos del hombre:
nos confunden, y siempre nos alejan…
de nuestra esencia viva y eterna.


© GatoFénix





5-La isla bonita

 


2007-2021

Otra vez, La isla Bonita de donde nace Anaís. El fuego.

 Las islas del amor se queman, mi niña.

 He oído nombrarlas, desafortunadas y

quisiera enfriar su piel con unos versos.

Indignaba la mezquindad de miras,

la ignorancia del pirómano de turno, entonces.

Danzando en aguas y ardiendo

¡Pobres mías! Tan mías que sin conoceros a fondo

me hicisteis vuestro en dos encuentros.

Y ahora estáis cubiertas de humo, de fuego y,

al fin, cenizas.

Cuando vuestra piel se calcine,

los recuerdos se volverán fantasmas

y los sueños de volver a abrazaros...

será un abismo en la Nada.

 ¡Pobres mías! me  conmueve el sufrimiento

de los árboles convertidos en cometas

azotados por un viento rojo destructor...

Y no tenéis pies para huir.

Agónicamente lanzáis vuestras piñas

como si vuestro corazón se hiciera añicos.

Faltaban gaviotas con el vientre preñado de agua

que os enfriara el alma.

 ¡Cuántos gobiernos para tanto desgobierno!

¿Tan poco importamos los hombres?

Tampoco importamos los hombres

que ya ni te cuento lo que importan

los animales, las plantas y nuestra Madre

la Tierra.

--------- 

Anaís,

amiga ya entonces, en ese 2007 del incendio,

y que hoy vuelve a mi en 2021, este recuerdo escrito

cuando vuelven las imágenes de la Isla Bonita reventando

como una sandía madura mostrando su herida al caer al suelo,.

El fuego de las entrañas de la Tierra va camino del cielo

desde abajo del todo por la grieta del cono,

 para quedar esparcido como un manto de lava gruesa

calcinando todo a su paso camino de la costa  Atlántica

como si volviera a emerger la Atlántida.

  

© GatoFénix





08 noviembre 2021

4-¿Qué te desenamoró de mi?


 ¿Qué te desenamoró de mi?

Me preguntaba estando en esta isla de tiempo
en el mar de los días por los que navego.
Ya sé que gente estudiosa lo sabe.
Han ingeniado un código de barras para todo.

Y dicen saber, con precisión,
la fecha de caducidad de todas las cosas ¡admírense!
Y también del amor, al fin, otra cosa.
Lo tachan de caduco e incluso casi ridículo, pueril o adolescente.
Será que estoy mal hecho...o que no evoluciono...
o que soy/estoy muy tonto,...¡pero mucho, mucho!
Porque a mi, no me pasa.
Yo tengo el amor guardado como se guarda el buen paño,
en el arcón de madera de sándalo acolchado,
de seda rosa y azul celeste como el perfume
de Orión y Angélica, de Aura-Soma.
Lo tengo acomodado en un lugar bonito del corazón,
al lado del baúl de la infancia, que es el tesoro mío.
Ese, que, gracias a Dios, me acompaña a todas partes y,
aunque soy muy despistado con las fechas,
esos recuerdos andan vivos y salen y entran por donde quieren de mi,
y casi diría que son como la sangre luminosa del alma...
Y, que no desaparecerá; lo sé.
Sé que no morirán cuando muera.
Como este poema roto y desmanido que me sobrevivirá;
o incluso puede, que me lleve
allá donde vaya.
¿Quién sabe esas cosas?
Por eso no entiendo... y me pregunto:
"¿Qué te desenamoró de mi?2
Sentado, 
en el islote inconsistente del tiempo 
del efímero mar de los días.

© GatoFénix





3-La soledad compartida: ese ataúd.





La soledad: ese ataúd
Me dijo al verme mudo y triste en el sillón:
- "No estés así"
Contesté, apenas molestando, al silencio:
- No puedo estar de otra manera.
- Si nosotras te queremos.
- (...)
Ya no dije nada más y respiré un poco,
hundido en mis intuiciones.
Vino un pensamiento: "Mi cuerpo no nota eso"

Ahora,
al recordarlo,
se me llenan los ojos de lágrimas.

Siento que brota ese venero en alguna parte del cuerpo;
alguna parte muy profunda, de mi cuerpo.
La sensación es confusa para describirla pero es
como si viniera de los juanetes de los pies...
pasara por las pantorrillas;
subiera por por la espalda;
se expandiera por los hombros; y, de ahí,
me cubriera la cabeza y frente,
las orejas ardiendo,
una capucha de tristeza.
Ahora sé que es pánico.
Es de un tejido talar, franciscano,
más propio de la arpillera de un saco de patatas.
Tiene la frialdad húmeda de las tierras oscuras.
Tan profunda es la pena a veces.
"La soledad compartida es un ataúd sin acolchar"
Tosca madera de pino.

Ya no dije más esta tarde-noche.
A su abrigo, mis ojos entornados y vidriosos
me vieron capotando; como  tomando una curva a izquierdas,
en una recta.
Esa pirueta absurda, garabato en el aire,
ese trazo del que Dios me agració,
que es capaz de hablar al interior del ser
como un destello de síntesis de una verdad
que impacta como una luz intensa fugaz
y a la vez permanente, de un mensaje misterioso.

No tenía nada que decir.
Pasa cuando nuestras "estructuras profundas"
no son las mismas.
A veces la apariencia de la urdimbre es la misma,
pero el hilo con el que se ha tejido es de naturaleza diferente.

No es posible comunicarse.
Ver con antelación no evita ese dolor.
Las cosas andan por ahí con vida propia
y todo es propicio, en estos tiempos,
para este desastre.

No se admite la verdad porque
cada vez te dirán que estás equivocado.
Son tiempos de mentiras que venden como verdad.
Si dices que "los hilos" que valoras son los que cumplen
los diez mandamientos, se burlarán de ti.
Lo dicen los argumentarios del descaro.
Y con esos mimbres: estos cestos.
Cestos que no pasarían la SHARP de los cascos homologados.
Nadie piensa que nuestra cabeza tiene gran valor.
Se fían de la propaganda para adquirir su urdimbre
y así andamos los que pensamos
que no hay que escatimar en verdades para protegernos.

Si estás descalificado, por la sanción social,
no te molestes en avanzar.
Cada palabra, sin abogado defensor delante, puede ser
utilizada en tu contra siguiendo el argumentario.
Sin posibilidad de réplica.

Mejor el silencio, aunque tampoco creas que tanto,
que hasta el silencio anda tipificado, y no muy bien,
en los argumentarios de la perversidad.

Poner palabras a lo cruel, es para mi un arduo trabajo,
como si fuera mi misión de vida, 
para dar voz a las víctimas silenciosas.


© GatoFénix

¡Qué vergüenza y ridículo!
 
Desde el Hotel


El corazón en el cielo. Curiosa señal, aquella mañana. 
Eran mis Ángeles con su amor infinito.

Parece que interesa.

896.- Los colores de Orión y Angélica...al fondo.

(Soy Maestro de esta terapia desde 1994-95-96 en Madrid Maestra Bearne y en Dev-Aura Inglaterra)  Y vino a mi, suavemente pero con fuerza to...